BAJO SOSPECHA

Entre cárteles, fosas clandestinas y abandono social

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Apenas en octubre pasado se localizaron 60 cuerpos de hombres en la Carretera 26, kilómetro 20, en la zona rural poniente de Hermosillo. Las autoridades de Sonora informaron que el hallazgo en fosas clandestinas en la zona rural de Hermosillo correspondió a un ajuste de cuentas entre grupos del crimen organizado.

La Fiscalía estatal documentó que las víctimas, todos hombres, fueron privadas de la libertad y asesinadas en distintos momentos. Afirmó que los restos fueron identificados científicamente y entregados a las familias, y que hay detenidos y órdenes de aprehensión contra presuntos responsables, con investigaciones aún abiertas en el estado fronterizo.

Esto tendría que seguir siendo noticia e indignando a la sociedad, pero todo parece indicar que cada día estamos normalizando más este tipo de asesinatos. Lo más triste es que ésta no es ni remotamente la única fosa común que hay en ese estado.

¿Por qué vemos un aumento de violencia notorio en estados como Sonora?

De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, en 2024 hay registro de mil 111 personas desaparecidas en Sonora. Para 2025, la cifra aumentó a mil 492 reportes, es decir, 381 más, un incremento de 34.29 por ciento respecto al año anterior, y según las últimas cifras, del 1 al 23 de enero de 2026, Sonora ya registraba 60 nuevos casos de búsqueda.

El gobierno de Estados Unidos mantiene a Sonora en una alerta de Nivel 3 debido al riesgo de secuestros, homicidios y la presencia de organizaciones criminales.

Además, han aparecido “retenes” ilegales, presuntamente vinculados al crimen organizado, que están generando miedo e incertidumbre entre los viajeros, causando una caída del 8 por ciento en el turismo y un impacto económico negativo de millones de pesos diarios.

Por su ubicación geográfica, Sonora hace frontera con Arizona, Estados Unidos, y es una de las puertas más relevantes para el tráfico de drogas, principalmente de metanfetamina y fentanilo; por esa ruta los cárteles también trafican armas.

En estos últimos años, las balaceras, ajustes de cuentas y enfrentamientos contra fuerzas federales se han convertido en la cotidianidad, y parte de este contexto ha llegado a ciudades sonorenses como la capital Hermosillo, Guaymas, San Luis Río Colorado y Ciudad Obregón. Esta última está entre las cinco ciudades del país donde los habitantes se sienten más inseguros de vivir, de acuerdo con la más reciente encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

DESAFÍO SIN FIN

FOSA CLANDESTINA ubicada en el Cerro El Pima, en imagen de archivo. ı Foto: Especial

En Sonora, varios grupos criminales se disputan el control del estado, sobre todo para el trasiego de drogas y de personas. Ahí operan Los Salazar, una facción vinculada actualmente con La Mayiza, mientras que Los Mata Salazar operan para Los Chapitos. Ambos grupos protagonizan la mayor disputa en Sonora desde 2024.

Los Salazar son originarios de Chihuahua, pero desde la década de los noventa se refugiaron en Sonora, principalmente en Guaymas y San Carlos. Su líder, identificado como Don Adán, fue extraditado a Estados Unidos en 2023, y su hijo, conocido como El Indio, fue asesinado en 2016; hoy las autoridades aseguran que la actual cabeza del grupo es Crispín Salazar, hermano de Don Adán.

Por su parte, Los Mata Salar surgieron en 2024 a partir de la ruptura de Los Salazar con Los Chapitos, cuando este último grupo ordenó a las células criminales no fabricar fentanilo debido a las restricciones implementadas por el gobierno de Estados Unidos.

Reportes de inteligencia ubican su presencia principalmente en Bahía de Kino, desde donde han lanzado amenazas a través de mensajes en redes sociales. Incluso, los dueños de tiendas de abarrotes fueron advertidos sobre la prohibición de las máquinas tragamonedas. En Sonora también opera el Cártel de Caborca, el cual surgió en 2013 con la liberación de Rafael Caro Quintero, quien estuvo al frente de la organización criminal hasta su reaprehensión en 2022.

En ese momento se creyó que la estructura criminal quedaría debilitada; sin embargo, para 2025, informes de inteligencia evidenciaron que permanece como una organización activa, con mando propio, socios estratégicos y una disputa central contra la facción de Los Chapitos. Su expansión llega hasta Yucatán, donde recientemente se ha detectado la llegada de líderes del cártel de Caborca.

Otro grupo que tiene actividades delictivas en Sonora es el Nuevo Cártel de Juárez. En febrero de 2025, una manta colocada en un plantel escolar de Hermosillo generó terror entre los habitantes. En ella se advertía que el Nuevo Cártel de Juárez estaba operando en la zona. Este grupo criminal, según información de las autoridades, también reporta operaciones en el municipio de Yécora como parte de su disputa por el control de la frontera entre Sonora y Chihuahua.

Si bien las autoridades estatales presumen que los homicidios han disminuido y que la seguridad está controlada, la realidad es que Sonora se ubica entre los lugares ocho y nueve en homicidios dolosos y a media tabla en delitos de alto impacto.

Pero también la violencia cotidiana, particularmente la intrafamiliar, ha ido en aumento. El estado ocupa el segundo lugar nacional en violencia intrafamiliar, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Éste es un tema gravísimo que ya deben atender las autoridades estatales.

Sin duda, lo que más violencia ha generado en Sonora es la lucha entre bandas delincuenciales, pero no deja de asustar el incremento en la violencia intrafamiliar.

Por otra parte, hace dos semanas, Marco Paz Pellat, vocero de los Comités Ciudadanos de Seguridad de Sonora, explicó que ha aumentado de manera significativa el reclutamiento de menores de edad para incorporarlos a las filas del crimen organizado.

Los reportes indican que los delincuentes toman a menores, muchas veces mediante amenazas y otras por falta de opciones de supervivencia, a niños y niñas desde los 10 años para engrosar sus filas.

Muchos de estos menores son engañados, como sucede en otras partes del país, asegurándoles que tendrán mejores oportunidades y prometiéndoles trabajos bien remunerados.

La realidad es que, una vez que se presentan, son secuestrados y obligados a fungir como halcones, sicarios y también a realizar trabajo administrativo ligado a la extorsión, como hacer llamadas en los call centers que opera la delincuencia organizada para engañar a la gente y obtener dinero.

Este tipo de reclutamiento se está realizando a través de redes sociales como TikTok o videojuegos como Roblox.

Mientras en Sonora se libra una disputa abierta entre grupos criminales por el control del territorio, también se hace evidente un problema social mucho más profundo. Además de los enfrentamientos armados, hay un aumento de la violencia intrafamiliar. Pero también muchos niños y niñas que no tienen un lugar seguro en sus hogares están cayendo en las redes de la delincuencia organizada.

Y es que, ante la falta de oportunidades, educación y presencia efectiva del Estado en las entidades, el crimen organizado termina cooptando a estos jóvenes.

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