APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

Un americano contra la guerra del 47

La Invasión Estadounidense Foto: www.gob.mx/defensa/documentos/la-invasion-norteamericana

El pasado 2 de febrero el portal de la Casa Blanca reprodujo un mensaje del presidente de Estados Unidos en el que, orgullosamente, se conmemora el 180 aniversario de la invasión de Estados Unidos contra México en 1846. Luego de dos años de guerra, aquel conflicto culminó con la conquista por Estados Unidos de más de la mitad del territorio de la naciente República mexicana.

En un gesto inusual por parte de un presidente, que encabeza el gobierno de un país, ligado a México y Canadá por un Tratado de Libre Comercio que ahora mismo se está renegociando, Trump reivindicó la doctrina del Destino Manifiesto, formulada por el periodista e ideólogo expansionista John L. O’Sullivan para legitimar la acción armada contra su vecino del sur.

Trump es el primer presidente, en más de un siglo, tal vez desde Teddy Roosevelt, que reclama para sí la distorsión que la doctrina del Destino Manifiesto de 1846 hizo de la Doctrina Monroe de 1823. Fue entonces que, por primera vez, la frase de “América para los americanos” adquirió el sentido de “América para los estadounidenses”, que tanto aquel Roosevelt como este Trump le adjudican.

Naturalmente, en su mensaje del 2 de febrero, Trump sostuvo que su actual política de contención migratoria y de acuerdos de seguridad con gobiernos de la nueva derecha latinoamericana, como los de Argentina, Ecuador y El Salvador, y su recuperación del control del Canal de Panamá, a costa de China, se inscriben en la nueva versión de esa misma política, que llama “Corolario Trump de la Doctrina Monroe”, más conocida como Donroe Doctrine.

Se ha recordado en estos días que la mayoría de los presidentes de Estados Unidos en el siglo XX y todos los del siglo XXI, menos Trump, no acostumbraban a hablar con orgullo de aquella guerra de conquista. Entre George H. Bush y Joe Biden con menos razón, ya que todos aquellos presidentes promovieron una vecindad amistosa con México, como consecuencia de la aprobación del Tratado de Libre Comercio en 1992.

También se ha recordado que, en su momento, la guerra de 1847 fue objetada por brillantes políticos de Estados Unidos, que se oponían al expansionismo y a la militarización de la sociedad norteamericana. Entre aquellos opositores a la guerra estuvieron el secretario de Estado, Henry Clay, el senador Thomas Corwin y el representante Abraham Lincoln, futuro presidente de Estados Unidos.

También se opuso a la guerra, con una elocuencia fuera de lo común, el filósofo, pedagogo y naturalista Henry David Thoreau, compañero de Ralph Waldo Emerson en el grupo intelectual de Concord, Massachusetts. Thoreau vivía en su cabaña de Walden Pond, cuando en 1846 fue arrestado por negarse a pagar impuestos durante seis años.

Luego de su liberación, dio una conferencia en el Liceo de Concord en la que reconstruyó su experiencia en la cárcel y su negativa a contribuir fiscalmente al Estado, por ser éste responsable de dos injusticias a las que se oponía firmemente: la esclavitud y la guerra contra México. Aquella conferencia daría lugar al ensayo Desobediencia civil (1849), uno de los textos clásicos del pensamiento político estadounidense.

Ahí sostenía Thoreau que la guerra del 47 era una “perversión” y un “abuso” de la voluntad del pueblo estadounidense, provocados por un grupo de individuos que habían hecho del gobierno su “instrumento”. La colonización, la guerra y la esclavitud, según Thoreau, estaban entrelazadas porque la expansión territorial, más allá de las fronteras mexicanas, buscaba aumentar los estados esclavistas.

Thoreau y sus dos amigos de Concord, Emerson y Alcott, tuvieron la visión de advertir en aquel expansionismo esclavista el origen de la discordia en la república estadounidense, que conduciría pocos años después a la guerra civil. Con su expansionismo arcaico, Trump está alimentando las semillas de aquella discordia, que produjo una lucha fratricida entre 1861 y 1865.

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