El fenómeno therian, personas que sienten una conexión espiritual o identidad interna no física con un animal, surge a finales de los años 90 en foros de Internet. En muchas culturas existen experiencias simbólicas de identificación con animales (mitología, chamanismo, literatura fantástica, horóscopos), pero el rasgo novedoso del fenómeno radica en su organización digital. Foros en LiveJournal, Tumblr y Reddit permitieron que personas que describían sensaciones de “animalidad interior” encontraran una identidad comunitaria en la teriantropía.
No existe ninguna investigación clínica que clasifique al fenómeno como patología. En la mayoría de los casos reportados en comunidades digitales, las personas no buscan ayuda sino reconocimiento simbólico. Desde una perspectiva cultural, puede entenderse como un proceso identitario de personas que ven en los animales una metáfora de su mundo interno. La identidad se fortalece en espacios de pertenencia digital donde la validación mutua arma una comunidad. Vale la pena pensar cómo la hiperindividualización y la cada vez menor exposición de los adolescentes a experiencias sociales reales y no virtuales, han influido en su identidad. Hay algo de rechazo implícito por lo humano en voltear a ver a los animales como objeto de identificación.
El fenómeno apareció en medios masivos a partir de 2010, abordándose como algo extraño, raro y anecdótico. Su visibilidad cambió cuando empezó a utilizarse en debates culturales sobre identidad de género. En discusiones televisivas y columnas de opinión en medios conservadores como Fox News o The Daily Wire, el fenómeno fue utilizado como una reducción al absurdo: “Si alguien puede identificarse como lobo, ¿por qué no como mujer?”, sugiriendo que toda identidad no alineada con el sexo asignado sería arbitraria.
Entre 2022 y 2024 circularon rumores virales en redes sociales que afirmaban que escuelas estadounidenses estaban colocando cajas de arena para estudiantes que se identifican como gatos. Aunque las investigaciones periodísticas demostraron que estos relatos eran falsos o distorsionados, se utilizaron como ejemplo de la irracionalidad de las políticas de reconocimiento de la identidad (identity politics). El término therian se ha utilizado como caricatura para desacreditar políticas de inclusión transgénero.
La analogía ignora que la identidad de género se ha estudiado durante décadas, desde la perspectiva médica, psicológica y sociológica, y tiene reconocimiento legal en muchos países, mientras que el fenómeno therian permanece como una subcultura sin ninguna demanda específica.
En El género en disputa (Paidós, 2013), Judith Butler plantea que el género no es una esencia natural, sino una práctica reiterada, una actuación repetida de normas sociales. Lo performativo no implica arbitrariedad, sino que señala que las normas de género se producen y reproducen socialmente. Afirmar que el género es performativo no significa que pueda elegirse como capricho cada mañana, sino que está constituido por marcos culturales que acompañan al individuo.
En Testo Junkie (Anagrama, 2008), Paul B. Preciado sostiene que el cuerpo contemporáneo está atravesado por dispositivos farmacológicos, legales y discursivos que producen cuerpos, subjetividades e identidades. La identidad no es una fantasía privada sino el resultado de interacciones entre normas sociales, instituciones y experiencias vividas. Preciado muestra que la frontera entre lo natural y lo construido está mediada por tecnologías de poder, por lo que el argumento que apela a la biología como fundamento absoluto de la identidad omite la dimensión histórica de las categorías sexuales.
En el debate mediático, la comparación entre identidad transgénero y theriantropes, se utiliza para reforzar posiciones esencialistas: la identidad válida debe corresponder estrictamente al sexo biológico observable. El fenómeno therian funciona como figura retórica de exageración destinada a desacreditar el reconocimiento legal y social de personas transgénero.
El fenómeno therian puede comprenderse como una subcultura digital de exploración de la identidad, surgida de la intersección entre comunidad online, simbolismo animal y búsqueda de pertenencia. Su uso en debates públicos revela poco interés por entender a quienes se identifican de ese modo y mucho de las ansiedades culturales en torno a la identidad. A la luz de Butler y Preciado, la cuestión central no es si la identidad es de libre elección o esencia biológica, sino cómo se producen en lo social las categorías que definen qué identidades consideramos legítimas y cuáles reducimos a caricatura.
Cuando el ridículo reemplaza al argumentoValeria Villa
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