PESOS Y CONTRAPESOS

Mercantilismo

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Ni para satisfacer necesidades, ni para defender intereses, debe el gobierno redistribuir el ingreso, porque al hacerlo viola el derecho de propiedad sobre el producto del trabajo, mismo que el gobierno debe reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente.

Pero una cosa es que el gobierno redistribuya el ingreso para proveer de alimento, educación, atención médica y medicinas a quienes no puedan pagarlas (socialismo: satisfacción de necesidades), y otra que lo redistribuya para subsidiar la producción de películas (mercantilismo: defensa de intereses).

Dado que tenemos el derecho al producto íntegro de nuestro trabajo es que hay que buscar la justificación correcta al cobro de impuestos, que he encontrado, hasta el momento, en el impuesto único (ni uno más), homogéneo (misma tasa en todos los casos), universal (sin excepción ni de objeto, ni de sujeto, ni de conducta gravable), no expoliatorio (para financiar únicamente las legítimas tareas del gobierno: prohibir y prevenir la violación de derechos; castigar y obligar a resarcir a quien los viole; proveer los bienes públicos, que realmente sean públicos, de cuyo consumo no pueda excluirse a alguien y cuyo consumo no genera rivalidad, y que realmente deban ser provistos por el gobierno), a la compra de bienes y servicios para consumo final (no a la generación de ingreso, al patrimonio, a las utilidades, a la compra de factores de la producción). Los anarcocapitalistas, con argumentos interesantes que debemos conocer, analizar y discutir seriamente, afirman que no hay justificación alguna para el cobro de impuestos, porque son un robo, y no porque el gobierno malverse el dinero así obtenido, sino porque obliga al contribuyente a entregarle, bajo amenaza de castigo, una parte del producto de su trabajo, de su ingreso, conducta propia de un ladrón.

Volviendo al punto: una cosa es que el gobierno redistribuya el ingreso para proveer de alimento, educación, atención médica y medicinas a quienes no puedan pagarlas (socialismo), y otra distinta que lo redistribuya para subsidiar la producción de películas (mercantilismo).

¿En qué consiste el mercantilismo? En creer que lo correcto es: (i) tener una balanza comercial superavitaria (exportar más de lo que se importa); (ii) incentivar las exportaciones (apoyándolas con subsidios), y desincentivar las importaciones (gravándolas con impuestos); (iii) depreciar el tipo de cambio de la moneda nacional con relación a la moneda del país al que se exporta y del que se importa (abaratar, para el consumidor extranjero, en términos de su moneda, las exportaciones de productos nacionales, y encarecer, para el consumidor nacional, en términos de su moneda, las importaciones de productos extranjeros); (iv) fomentar lo más posible (¿qué quiere decir lo más posible?), la producción nacional (promoviendo la sustitución de importaciones y/o subsidiando la producción nacional).

Si el mercantilismo consiste en fomentar con subsidios la producción nacional, el otorgamiento gubernamental de un crédito fiscal del 30%, contra el ISR, a la producción de películas, nacionales o extranjeras, en territorio nacional, es mercantilismo puro y duro. Es redistribución del ingreso, porque antes de otorgar un subsidio debe cobrarse un impuesto.

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