SOBRE LA MARCHA

Era suyo, lo tenía… ¿y lo dejó ir?

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Golpe histórico del Estado mexicano en contra de la ilegalidad, la impunidad y la insolencia del capo y su imperio denominado CJNG. Ejecutado él en acción operada exclusivamente por soldados mexicanos, eso sí, con aportes de inteligencia estadounidense, la muerte del Mencho Oceguera Cervantes, sucedió en medio de muchos balazos. No hubo abrazos. Ya no.

Funcionarios y analistas saben lo que viene, lucha interna por definir quién va a dirigir el emporio criminal con presencia en buena parte del país y más allá de nuestras fronteras. Una estructura que, en apenas 15 años de existencia, logró tener sucursales y asociados, una suerte de franquicia criminal cuyo sello es la violencia sin reparos; crueldad explícita como incentivo para derribar resistencias de cualquier índole sólo con mencionar al cártel de las cuatro letras.

Negocio boyante al amparo de políticos y encargados de seguridad en los tres órdenes de gobierno. La muerte del Mencho habrá aliviado a muchos cómplices. La supervivencia de otros dos de sus capataces los mantendrá en vilo. ¿Colaborarán con la nueva Fiscalía General de la República? ¿Tendrán el mapa de contubernios entre políticos y matarifes?

A 17 meses el sexenio va marcando diferencias en el accionar del segundo piso de la llamada 4T, cayó El Mencho, el CJNG detonó 252 bloqueos y acciones criminales en 20 estados de manera simultánea, ganaron algunas primeras planas de prensa internacional, encabezaron preocupaciones futboleras de cara al mundial de junio. Y luego el caos comenzó a apagarse.

En toda la narrativa, entre aciertos de comunicación y vacíos de información, hubo una que llama poderosamente la atención. La anónima revelación, vía Estados Unidos, de que Andrés Manuel López Obrador, presidente, tuvo en su despacho de Palacio Nacional información clave para capturar al Mencho. Y decidió no ir por él.

En 2019 fuerzas federales detuvieron en Culiacán, Sinaloa, a Ovidio Guzmán. Comandos del Chapito incendiaron la capital del estado, bloqueos y balaceras cimbraron al país entero. Horas oscuras que AMLO iluminó al ordenar liberar al narcotraficante y evitar, dijo, un baño de sangre civil.

Hace dos días murieron 62 personas, incluido el Mencho y 70 más resultaron heridas. Se quemaron 52 sucursales del Banco del Bienestar. Varias tiendas Oxxo y un Costco fueron incendiados. Decenas de autos, camiones y autobuses ardieron hasta ser cenizas el domingo. No hubo reversa ni reserva en una decisión militar, de inteligencia pero sobre todo, política.

Los abrazos y la pax narca pactada por activas y pasivas durante los sexenios de Peña Nieto y López Obrador, potenciaron el alcance del CJNG, lo hicieron leyenda. Doce años de administrar lo que se debía combatir. Unos por conveniencia y otros por connivencia. Uno omiso y el otro rehén de su épica.

Claudia Sheinbaum con Omar García Harfuch y los secretarios de Defensa y Marina, dieron el paso. Antes, se ajustó la Fiscalía, la Consejería y en circunstancia y tiempo, soplaron aires con forma de audios y libros que apaciguan el fuego amigo.

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