¡JUEGUE!

Una preocupación muy justificada

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Desde hace algunas semanas alertábamos de la preocupación justificada diferentes federaciones de futbol por la violencia en el país.

La justificada cobertura en todo el mundo sobre la muerte de El Mencho prendió con mayor razón los focos rojos. Si vemos las cosas desde afuera, podremos entender el porqué de la reacción. Sin ir más lejos, cinco jugadores de Islandia, que jugaron un amistoso contra México en Querétaro, manifestaron su preocupación y abiertas dudas sobre si venir al país o no.

Nosotros podemos saber más o menos cómo actuar, a pesar de lo sorpresivo que pueden ser las cosas. Pero es claro que desde fuera todo adquiere otra dimensión. Es difícil pensar que “el país está en paz” o que ya “regresamos a la normalidad” con todo lo que se difunde, porque además de que se están viviendo hechos realmente violentos, todo pasa por una dosis de dramatismo y amarillismo de los cuales es muy difícil abstraerse. Estamos entre que la situación es complicada y que los medios y las redes viven del morbo y los excesos.

Si para nosotros las cosas son de enorme riesgo y peligro, imagine cómo se puede ver desde fuera. El domingo pasado México vivió uno de los momentos más críticos en materia de violencia. La sacudida todavía está entre nosotros, y por más que la Presidenta trate de atemperar los ánimos no ha sido posible pasar del todo a una nueva etapa.

Hablar de regresar a la normalidad en un país como el nuestro no tiene sentido. Si la normalidad es lo que vivimos a diario más, nos valdría mejor cambiar las palabras para buscar nuevas definiciones.

Por ahora ciertamente se han atemperado las cosas, pero de manera inevitable seguimos bajo el riesgo. El CJNG seguramente está en una etapa de reacomodo. En caso de que no se pongan de acuerdo en un periodo de 3 a 4 semanas, podríamos tener repercusiones de su lucha interna.

Dicho de otra manera, estaríamos cada vez más cerca del Mundial, lo que elevaría los riesgos y las presiones. Presumimos que el Gobierno tiene claridad en este escenario, porque es la forma en que todos los cárteles terminan actuando, por más poderoso que sea el CJNG no será la excepción.

A pesar de todo esto, tenemos a nuestro favor una gran experiencia en materia de organización de eventos de esta naturaleza. México ha sido sede de una gran cantidad de espectáculos los cuales se han distinguido por un reconocimiento internacional.

Es cuestión de revisar lo que se ha hecho con la Fórmula 1 año tras año; los conciertos en el Zócalo; los Juegos Panamericanos y Centroamericanos; sin pasar por alto las dificultades que entrañó organizar el Mundial del 86 el cual tuvo un balance positivo.

Se ha venido construyendo una cultura organizativa que permite tener certidumbres respecto a la organización de todo tipo de eventos.

Sin embargo, es claro que nunca habíamos estado en una tesitura como la actual. En el 68, el Gobierno tomó violentas medidas y tenían enfrente a estudiantes reprimidos que se escondieron como pudieron o quedaron encarcelados. De alguna manera, el Gobierno terminó por tener el control de la situación y los juegos irrumpieron, paradójicamente, de manera extraordinaria.

Con este Mundial las cosas son diferentes. El país no está en medio de una lucha política. Tiene ante sí a la delincuencia que está movilizada y organizada con abiertos nexos con el poder político. Éste va a ser el gran reto del Gobierno. Corre de manera paralela la urgencia de terminar estadios, vías de acceso a los mismos para las y los aficionados, pero, sobre todo, debe ofrecer certezas respecto a la seguridad para quien viene de fuera, y también, lo cual es igual de importante, a quienes vivimos en el país.

Ya lo que pase en la cancha es otra cosa. Lo único que nos queda es esperar que el futuro no sea tan precario, como históricamente lo ha sido. Ha sido mucho tiempo bajo la esperanza, y bajo aquello de que jugamos como nunca, pero perdimos como siempre.

Temas: