Se desata la guerra en oriente próximo por los ataques a Irán por parte de Estados Unidos e Israel. Si bien la tensión venía en aumento desde hace tiempo, el ataque fue sorpresivo y la respuesta inmediata: numerosas bases militares estadounidenses apostadas en países vecinos de Irán han sido atacadas mientras los países aliados de uno y otro bando se alistan para entrar en el conflicto.
En las últimas semanas las negociaciones para encontrar una solución a un conflicto difuso entre Irán y EU se habían estancado, pero aún se esperaba que la vía diplomática pudiera agotarse antes de iniciar un conflicto armado. Sin embargo, el gobierno estadounidense saltó a la acción detonando un enfrentamiento de pronóstico reservado.
La teoría indica que el presidente estadounidense no puede iniciar un conflicto bélico sin el permiso expreso del congreso. Esto no fue así en la realidad y ahora veremos a los congresistas republicanos dar maromas en el aire para tratar de justificar y no condenar las acciones del ejecutivo. Las razones para entrar en guerra con Irán no han sido expuestas con claridad ni votadas por las cámaras de representantes, una anomalía que sólo puede suceder en una administración que se ha manejado más con toques de autoritarismo que por la observancia de las leyes propias de una democracia. Ninguna sorpresa por aquí.

Apóstoles de Morena
Según la agencia Reuters sólo el 27 por ciento de los estadounidenses apoya el inicio de este conflicto mientras que más del 40 por ciento lo rechaza abiertamente. Esta baja aprobación demuestra una falta de apoyo inédita al gobierno, que suele contar con su base dura de votantes bien instalada sobre un 30 por ciento. Lo anterior puede evidenciar una ligera fractura en el movimiento MAGA, que, si bien es incondicional de su presidente, no necesariamente ve con buenos ojos el inmiscuirse en un conflicto internacional de esta proporción.
Los grandes mantras del votante republicano que aglutinaron el apoyo hacia el presidente son Make America Great Again y America First. Ambos refieren a la preocupación central de este sector del electorado: los intereses estadounidenses. Este votante busca priorizar la política interior a la exterior, la economía en casa a la macroeconomía, el control de la seguridad interna por sobre la incursión en conflictos internacionales. Sin embargo, este segundo mandato del presidente ha dejado de lado estas promesas y se ha abocado a guerras comerciales, intervenciones extranjeras y ahora una guerra que podría prolongarse indefinidamente.
Es una apuesta osada del actual gobierno justo a meses de las elecciones intermedias. Si el conflicto se alarga, las bajas se acumulan y la economía no mejora claramente en los bolsillos de los votantes, el apoyo puede menguar en las urnas.

