ACORDES INTERNACIONALES

Expediente Irán: la arquitectura de protección del régimen

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

En las últimas horas, el nombre de Mojtaba Jamenei —hijo del fallecido Líder Supremo— ha circulado como el principal candidato a sucederlo en el poder en Irán. Las versiones lo describen como un operador en la sombra, cercano a las fuerzas de protección del régimen. Más allá de cuánto haya de propaganda o exageración en esos retratos, vale la pena analizar la estructura del fenómeno.

En Irán, además del Artesh —el ejército regular que articula las fuerzas armadas convencionales del Estado (ejército, marina y fuerza aérea) y cuya función principal es la defensa territorial— opera una arquitectura paralela de protección del régimen, sostenida por tres pilares: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), la Fuerza Quds y la milicia Basij.

Los politólogos describen este tipo de diseño institucional como una arquitectura de protección del régimen: un conjunto de estructuras armadas creadas no sólo para defender al país, sino para garantizar la supervivencia del sistema político frente a amenazas internas y externas.

El primero es el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), creado tras la revolución de 1979 como un ejército ideológico paralelo al ejército regular. Su misión no es únicamente militar: protege al régimen, controla parte del programa de misiles, posee una vasta presencia económica y responde directamente al Líder Supremo.

El segundo pilar es la Fuerza Quds, una unidad especializada en operaciones exteriores. Su función es proyectar influencia regional a través de aliados y milicias en otros países: Hezbolá en Líbano, grupos armados en Irak o los hutíes en Yemen. Es el instrumento que permite a Irán extender su poder más allá de sus fronteras.

El tercer pilar es el Basij, una milicia de movilización popular que opera dentro del país. Su papel es el control social: vigilancia política, movilización ideológica y represión de protestas.

En conjunto —el Artesh como ejército del Estado y el triángulo formado por el IRGC, la Fuerza Quds y el Basij como aparato de protección del régimen— configuran un sistema diseñado para enfrentar múltiples escenarios: invasión externa, insurgencia interna, presión política y, al mismo tiempo, proyectar influencia o agresión indirecta más allá de sus fronteras mediante aliados y milicias proxy.

Irán no es el único país que ha construido algo así. Durante la Guerra Fría, Cuba desarrolló una arquitectura comparable: las Fuerzas Armadas Revolucionarias como aparato militar, el Ministerio del Interior como sistema de seguridad política y las Milicias de Tropas Territoriales como movilización popular. Venezuela adoptó posteriormente una versión adaptada, combinando la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional y la Milicia Bolivariana.

La diferencia es estratégica. Cuba y Venezuela diseñaron esas estructuras principalmente para el control interno y la supervivencia del régimen. Irán, en cambio, añadió una dimensión adicional: la proyección regional.

Este tipo de sistemas tiene precedentes históricos. Durante la Revolución Cultural china, Mao Zedong utilizó una combinación similar de aparato militar, estructuras partidistas y milicias ideológicas para sostener el poder en momentos de crisis.

Los regímenes surgidos de revoluciones suelen crear este tipo de estructuras paralelas por una razón histórica específica: desconfían del ejército heredado del antiguo régimen. Por eso, construyen fuerzas armadas ideológicamente leales al nuevo sistema político. La Guardia Revolucionaria en Irán, el Ejército Popular de Liberación en la China maoísta o las Fuerzas Armadas Revolucionarias en Cuba nacieron con la lógica de garantizar que el poder no dependa de una sola institución militar, sino de un entramado de aparatos armados cuya lealtad esté anclada en la revolución misma.

En ese contexto, concentrar el debate en qué tipo de liderazgo ejercerá Mojtaba Jamenei, se pierde un punto importante. En sistemas de este tipo, las personas importan menos que las estructuras que sostienen el poder.

Señales vs. ruido. Una de las falsedades más virales fue el video que supuestamente mostraba un ataque iraní contra la sede de la CIA en Dubái. En realidad era un incendio de 2015. La intención era inflar la percepción de regionalización —hacer creer que la guerra ya alcanzó los hubs financieros y de seguridad occidentales— para sembrar pánico económico y diplomático.

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