Si un día regreso a Cuba, lo haré con música. En estos días de aciagas premoniciones, Cuba me duele mucho más. Se dice que los apagones duran 20 horas, el suministro de agua es deficiente, los precios están por las nubes: el salario no alcanza ni para comprar una docena de huevos. El tiempo se prolonga en las rutas de la incertidumbre. Las autoridades entonan un discurso repetitivo: se imponen las consignas patrióticas. ¡Venceremos!, proclaman los dirigentes del Partido Comunista. Necesito cadencias para ahuyentar la tristeza: me dejo abrasar por Lecuona toca Lecuona (1992), Paquito D’ Rivera Presents 40 Years of Cuban Jam Session (1993), Chucho Valdés Live at The Village Vanguard (2000) y Van Van is Here (1999).
Ernesto Lecuona (Guanabacoa, 1895–Isla Canarias, 1963), el compositor cubano más reconocido internacionalmente interpreta 16 temas de su autoría. Concertino dotado de excepcionales cualidades expresivas en la exploración de ritmos de raigambre afrocubana. “La Comparsa” —rememoro el Paseo del Prado—, el cortejo prosigue con “Danza Negra” y “Danza Lucumí”. Revire a consonancias hispánicas: “A la antigua”, “Malagueña”. Entrada a la espesura campestre: “Canto Guajiro” para dar paso a “La Habanera” escoltada por boleros: “Damisela Encantadora”, “Crisantemo”, “Romántico”.
La cadencia florece en un tiempo de consonancias ilimitadas: “En Tres por Cuatro”, “Andalucía”, “Estás en mi Corazón”. Irrumpen los clamoreos del pregón: “Maria La O”, “Siboney”. El magnam sensualis festum concluye con “Noche Azul”: el horizonte atrapa la lejanía y las pautas claman el fervor. Desembarco en La Habana: una muchacha de marina vestimenta se columpia en las frondas de la tarde. He regresado con los albores de Lecuona a la Cuba rememorada.
40 Years of Cuban Jam Session: la descarga se cuela por las rendijas: el saxofonista Paquito D’Rivera invita a un piquete de instrumentistas, quienes resumen con ímpetu cuatro décadas de jazz cubano. Trompeta, flauta, saxofón, piano, bajo, batería, timbales, percusiones, trombón, violín, clave, tambores batás (iyá, itótele), clarinete, bongoes, campanas... / “Guaguanjira”, “Despojo”, “Novia mía”, “Cuando vuelva a tu lado”, “Tres tristes tigres” ... / Cachao pulsa las sirgas con ardor, Juan Pablo Torres cabalga sobre la clemencia, Juanito Márquez dibuja centelleos ansiosos, Chombo coquetea con la refulgencia, Chocolate Armentero vaticina el esplendor... Estoy en la Manzana de Gómez, doblo por Trocadero y empino hacia el dique del Malecón. “Si yo no fuera cubano, me gustaría serlo” (José Martí). He regresado empapado de luminosas consonancias a la Cuba invocada.
Chucho Valdés Live at Village Vanguard: ensamble de piano, bajo, batería, tambores batas, conga, voz. “Son XXI” dialoga con “Punto cubano”: se entrecruzan los conformes. “Ponle la Clave”, “My Funny Valentine”, “Como traigo la Yuca”. Mayra Caridad Valdés vocaliza “Drume Negrita”: una inundación de consonantes nos avisa del milagro. Camino por La Rampa, cuando llego a 23 y L un descendimiento milagroso devora el ocaso. He regresado con insuflo de chubasco a la Cuba añorada. / Encore: Van Van is Here. Juan Formell pide permiso y Temba, Tumba, Timba me columpian en la danza insoslayable. He regresado apresurado y jubiloso a la Cuba codiciada.