Hoy, 9 de marzo, se cumplen 250 años de la publicación, en 1776, de Una investigación acerca de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, libro escrito por Adam Smith (1723 – 1790), considerado el padre de la economía y a su obra, mencionada simplemente como La riqueza de las naciones, como el primer tratado de economía moderna.
La riqueza de las naciones es una de las obras más importantes de la literatura económica, de cuya lectura, estudio y discusión puede sacarse mucho provecho, comenzando por la adquisición de cultura económica. Dicho sea de paso: así como no concibo a un filósofo que, aunque no sea platónico, no haya leído los Diálogos de Platón, tampoco concibo a un economista que, aunque no sea smithiano, no haya leído La riqueza de las naciones de Adam Smith. ¿Cuántos economistas la han leído? Y los que no, ¿de qué se han perdido?
Ya el nombre completo del libro, Una investigación acerca de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, proporciona material para escribir un ensayo en torno a los tres temas mencionados: la naturaleza de la riqueza (¿en qué consiste la riqueza?, pregunta distinta a ¿en qué consiste ser rico?); las causas de la riqueza (¿qué tipo de instituciones, que son las reglas del juego, tanto informales: usos y costumbres, como formales: normas jurídicas, son las que hacen posible, no sólo la producción de riqueza, algo que siempre se ha dado, sino la producción de más riqueza para más gente, de tal manera que todos tengan la oportunidad de elevar su bienestar, algo que empezó a darse a partir del siglo XVIII); la riqueza de las naciones, en plural (¿qué se requiere para que todas las naciones se enriquezcan mutuamente, juego de suma positiva, y no unas en detrimento de otras, juego de suma cero o negativa?).

Distracciones en Baja California Sur
Comienzo por la primera pregunta, ¿en qué cosiste la riqueza?
En la época de Smith se padecía la ilusión crisohedónica, la creencia de que la riqueza consiste en el dinero, que en aquel entonces consistía en oro y plata, y que una nación se enriquece si acumula dinero. A mayor acumulación de dinero más rica, y viceversa.
Smith se dio cuenta de la obvio. El dinero no es riqueza, sino medio de intercambio de la riqueza, que consiste en los bienes y servicios que satisfacen necesidades. Para explicarlo recurro al náufrago más famoso de la literatura, Robinson Crusoe, creación de Daniel Defoe.
Imaginemos a Crusoe, náufrago, con 100 mil millones de dólares. Se muere de sed y hambre. ¿Pero cómo, si tiene 100 mil millones de dólares? Sí, pero no cuenta con un McDonald’s donde comprarse un McTrío para quitarse la sed y el hambre.
Imaginemos que trasladamos a Crusoe, con todo y sus 100 mil millones de dólares, a Manhattan. Sería uno de los hombres más ricos del mundo, pero no por los 100 mil millones de dólares, sino por la cantidad, calidad y variedad de bienes y servicios que puedes comprar, viviendo en Manhattan, teniendo a tu disposición tal cantidad de dinero.
Cito a Smith: “Sería ridículo pretender demostrar seriamente que la riqueza no consiste en dinero, o en oro y plata, sino en lo que el dinero compra...”. ¿Y qué es lo que el dinero compra? Bienes y servicios. ¿Y qué utilidad tienen lo bienes y servicios? Satisfacen necesidades. La riqueza consiste en los bienes y servicios que satisfacen necesidades.
Continuará.

