FRENTE AL VÉRTIGO

El tratado no basta

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

Este lunes 9 de marzo, la Secretaría de Economía presentó los resultados de las consultas públicas para la revisión del T-MEC. En el evento el Gobierno resumió su posición de cara a las conversaciones con autoridades estadounidenses a partir del 16 de marzo, de cara a la revisión del tratado en julio.

La conversación en Washington estará basada inicialmente en tres ejes: primero, reducir la dependencia de América del Norte con otras regiones del mundo; fortalecer las reglas de origen para resolver trastornos y seguridad económicos para proteger a la región de disrupciones geopolíticas.

El secretario Ebrard anunció que el equipo mexicano estará integrado por funcionarios de la Secretaría de Economía, quienes consultarán a 40 representaciones del sector privado y que serán un cuerpo de alrededor de 100 asesores los que asistirán al Gobierno mexicano en las negociaciones.

Sobre el anuncio de los resultados de las consultas, hay dos temas transversales. El primero, el conflicto cada vez más visible entre Estados Unidos y China, en donde México está apostando por ser el motor manufacturero de la región. El segundo, las políticas industriales y de desarrollo en México, que deben habilitar la inversión en energía, infraestructura y logística en el país.

Alrededor de 80% de los distintos sectores productivos, desde la parte patronal y obrera, consideran que el tratado es benéfico para sus sectores y para el país. Sin embargo, los beneficios del tratado se han distribuido de forma desigual. El norte se ha visto mucho más beneficiado que el centro, el centro se ha visto más beneficiado que el sur y sureste del país.

Esta situación se explica además por la geografía —el norte está más cerca de Estados Unidos—, por una cuestión de política industrial y de desarrollo productivo que por décadas favoreció el norte del país, para hacer frente a la entrada de China al mercado internacional en los años noventa y que ahora se ha convertido, junto con la APEC, en el principal competidor de América del Norte.

El crecimiento de China y la desinstalación de capacidad manufacturera en Estados Unidos y Canadá generan una oportunidad enorme y retos gigantes para México. México tiene el talento y capital para convertirse en el centro manufacturero de la región, pero necesita que la política industrial y productiva del país garantice más energía, especialmente limpia; más agua; más infraestructura y mejor logística.

La apuesta es doble. Primero, hay que asegurar que el tratado mantenga las condiciones favorables para México: que el Gobierno mexicano evite que haya una discusión amplia del tratado y consiga revisar específicamente los detalles problemáticos para ambas partes. Segundo, que el Gobierno federal y los estatales no se autosaboteen y trabajen en generar las condiciones estructurales necesarias para la inversión como controlar la inseguridad, perseguir el derecho de piso y la extorsión, cuidar la educación y el talento mexicano y procurar el Estado de derecho.

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