SOBRE LA MARCHA

Estado + IP (no hay de otra)

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

La 4T estigmatizó la asociación entre la inversión pública con la privada. Durante seis años el Gobierno federal habló bien del empresariado nacional, pero obró mal.

Normas y reglas inhibieron la participación conjunta de capitales, unos a fondo perdido, otros en pos de una legítima rentabilidad. Durante siete años, la economía nacional ha crecido por debajo de las necesidades y métricas demográficas mínimas indispensables.

La teórica honestidad valiente no da para avanzar socialmente, no sirve para mejores servicios de salud, educación e infraestructura. La 4T reparte más, pero produce menos. La 4T no genera riqueza por su reticencia a aceptar que el Estado no es suficiente. Necesita a la iniciativa privada.

Y los particulares, sea para montar un puesto de tacos, un expendio de menudeo de lo que sea o una microempresa y de ahí para arriba, necesitan incentivos confiables.

Si algo destaca de los trabajos de la 89 Convención Bancaria, que se desarrolla en Cancún, Quintana Roo, es el cambio de ruta.

Sin abandonar su vocación progresista y social, el gobierno de Claudia Sheinbaum persiste en sus encuentros con empresarios triple A, con cámaras y consejos de negocios e industrias. No sólo busca la fotografía, también escucha y actúa.

Durante el evento más trascendente de la banca en México, se abrieron las esclusas legales y regulatorias para trabajar con el Estado, para hacer que el crecimiento económico suceda.

Esa concurrencia de inversión y apuesta por el futuro productivo nacional, demanda de un combate a la informalidad, al exceso de uso de efectivo en las transacciones cotidianas.

Cerrar ventanas al crimen corporativo que consolida su ilegal cadena productiva, con el lavado de capitales a través de una economía nacional mitad formal, mitad no.

Esa composición no es de un país que aspire a atender las causas de la pobreza, la falta de formalidad financiera impide orden y control, estimula la precariedad de millones por generaciones.

Banco de México y la Secretaría de Hacienda al frente de los bancos y las nuevas plataformas tecnológicas, remodelan el tren de la regulación para forzar a la pirámide económica, desde la bolsa hasta los bolsillos.

El crecimiento que tanto sabe la 4T que necesita, no sucederá sólo con, supuestamente, erradicar la corrupción. Hay que invertir, y para invertir es necesario un horizonte legal. Que caigan capos y narcos, pero que sus fuentes de financiamiento también se abatan.

Por cierto, entre banqueros y analistas hay optimismo sobre un acuerdo comercial para México con Estados Unidos y Canadá, que nos deje en la mejor posición, comparada con el resto del mundo, para seguir asociados con la todavía mayor economía y mercado del mundo.

Como sea, confían en que este año será mejor que el pasado. Y si las normas y la confianza se alinean, quizá el crecimiento inicie un periodo distinto al sello de la 4T, hasta ahora.

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