Patricio Guzmán (1941, Santiago) es un formidable cineasta y documentalista que ha compartido su distintiva visión del mundo con las audiencias internacionales desde los años 70. Es una de las voces cinematográficas más talentosas de nuestro tiempo y el mundo es un mejor lugar gracias a su indeleble contribución al arte y al pensamiento.
Chile ha sufrido varias épocas turbulentas a lo largo de su historia. Oficialmente, su independencia de la Corona española fue declarada en enero de 1826. Esto por sí mismo no fue un “borrón y cuenta nueva”. Lo contrario, abrió paso a un conflicto que se extendió por muchos años después.
En el siglo XX, Chile vivió gran parte de su experiencia colectiva entre la inestabilidad y la desigualdad social. Todo parecía cambiar cuando Salvador Allende (el primer presidente marxista elegido constitucionalmente) ganó las elecciones presidenciales de 1970. Su visión ejecutiva buscaba crear un auténtico gobierno democrático para servir al pueblo chileno, no a las empresas trasnacionales que promovían a la esclavitud como un estándar laboral.
Lamentablemente, los intereses más afectados fueron los de Estados Unidos, y fue así que el Estado imperialista de Richard Nixon llevó a cabo un sangriento golpe de estado, responsable de un saldo de tres mil 758 chilenos asesinados y desaparecidos.
Nostalgia de la luz (2010), de Guzmán, es paralelamente un retrato y una reflexión sobre lo que la luz y el cosmos nos pueden revelar de nuestra propia humanidad.
Desde las primeras imágenes nos podemos dar cuenta que estamos en las manos de un maestro absoluto del medio cinematográfico. Complementado por la fotografía de Katell Djian y la música de José Miguel Miranda y José Miguel Tobar, la película nos transporta por un viaje inédito, alimentado por un símil extraordinario entre el espacio y las estrellas, y la compleja, en ocasiones destructiva, condición humana.
Como punto de partida a través de su fascinación por la astronomía, Guzmán nos cuenta dos historias que convergen, por momentos de manera devastadora por otros inspiradores, una es la del impactante observatorio ALMA en el eterno desierto de Atacama y la segunda es la búsqueda de las mujeres por los restos de sus seres queridos, asesinados en el régimen de Pinochet. En el Atacama enterraron a muchos de los prisioneros políticos —la misma extensión de la tierra que como dice el propio Guzmán es “una puerta al pasado”— donde se construyeron estos enormes telescopios, dado que es el único lugar en la tierra donde se puede apreciar nuestro sistema solar con tanta luminosidad.
Dos búsquedas paralelas—una por intentar responder las preguntas del universo y otra por intentar darle una respuesta a los cientos de chilenos que perdieron a sus familiares durante la dictadura.
Nostalgia de la luz se tiene que ver, escuchar y sentir en lo máximo de su expresión, nos obliga a cuestionarnos por qué la luz nos puede confesar algunos de los secretos más maravillosos de la vida y, al mismo tiempo, algunos de los más dolorosos.
Disponible en Netflix.