SPLIT FINANCIERO

Flota bajo presión en el T-MEC

Julio Pilotzi. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

El autotransporte en México dejó de ser únicamente un asunto logístico para convertirse en un tema de seguridad, medioambiente y competitividad económica. El anuncio de este 26 de marzo del Programa de Atención Inmediata para la Protección a la Industria de Vehículos Pesados, encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía Marcelo Ebrard, llega en un momento en que la presión sobre el sector es cada vez más visible.

La dimensión del problema es clara. Más del 80 por ciento de las mercancías en el país se transporta por vía terrestre, en una flota que, en promedio, supera los 19 años de antigüedad. Esto implica no sólo ineficiencia operativa, sino mayores riesgos en carretera y niveles de contaminación que ya no son sostenibles frente a los estándares internacionales.

Desde la industria, la señal fue inmediata. La Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT), que encabeza Rogelio Arzate Tapia, junto con organismos como Concamin, Canacar y Canapat, calificaron el programa como un paso relevante para corregir distorsiones que llevan años acumulándose en el sector. El componente económico no es menor. La estrategia contempla una bolsa inicial de 2 mil millones de pesos en incentivos fiscales para acelerar la renovación de unidades, así como esquemas de financiamiento que podrían escalar hasta los 4 mil millones de pesos. En conjunto, el paquete busca movilizar hasta 6 mil millones para modernizar una industria que genera alrededor de 200 mil empleos.

Pero el problema no es sólo financiero. La entrada masiva de vehículos usados, muchas veces subvaluados, ha distorsionado el mercado nacional y golpeado tanto a fabricantes como a pequeñas empresas de transporte. El ajuste en los precios de importación y el fortalecimiento de reglas aduaneras buscan cerrar esa brecha que ha favorecido prácticas irregulares. En paralelo, la actualización de normas de seguridad y la incorporación de tecnologías más limpias, desde motores Euro VI hasta alternativas eléctricas e híbridas, apuntan a reducir hasta en 90 por ciento las emisiones frente a unidades antiguas. El impacto no sólo es ambiental, sino también en salud pública y en la reducción de accidentes, que hoy rondan los 30 mil al año en unidades de este tipo.

El reto ahora está en la ejecución. La coordinación entre autoridades, banca de desarrollo y sector privado será clave para evitar que el programa se diluya en trámites o quede limitado a una parte del mercado. La industria ya dio su respaldo; ahora el desafío es que la modernización deje de ser un discurso y se traduzca en carreteras más seguras, empresas más competitivas y un sistema logístico a la altura de lo que exige la economía mexicana. México no puede sostener su competitividad logística con una flota que promedia casi dos décadas de antigüedad. Este rezago ya impacta costos, eficiencia y capacidad de respuesta frente a sus socios comerciales, especialmente en el marco del T-MEC, donde los estándares operativos y ambientales son cada vez más exigentes. La inyección potencial de hasta 6 mil millones de pesos no sólo busca renovar unidades, sino detonar un efecto multiplicador en crédito, inversión y consumo a lo largo de la cadena productiva. Queda claro que la ventaja no está sólo en la manufactura, sino en la capacidad logística para mover mercancías con rapidez, seguridad y menor huella ambiental.

La modernización del autotransporte también redefine oportunidades y riesgos. La industria de vehículos pesados podría experimentar un repunte relevante en demanda, mientras que el aumento en contenido nacional, con la presión de pasar de 14 por ciento a 20 por ciento, abre espacio para fortalecer cadenas productivas internas. Sin embargo, el verdadero cuello de botella sigue siendo el acceso al financiamiento para los transportistas, así como la capacidad de implementar infraestructura para tecnologías limpias. En paralelo, está en juego el sostenimiento de alrededor de 200 mil empleos vinculados al sector. Al final, todo converge en un mismo punto: la ejecución. Sin una implementación efectiva, el programa corre el riesgo de quedarse en estímulo fiscal sin impacto real, pero si logra aterrizarse correctamente, puede convertirse en un factor decisivo para evitar que México pierda competitividad logística en el momento más crítico para su industria en décadas.

Natura invierte. La brasileña Natura, que dirige en México Francisco Demesa, refuerza su apuesta por México con un plan de inversión que contempla la apertura de 10 nuevas tiendas y 10 franquicias durante 2026, una estrategia con la que busca consolidar su presencia en uno de sus mercados clave en América Latina y que la llevará a alcanzar 34 puntos de venta en el país; el movimiento confirma un giro hacia el fortalecimiento del canal retail físico como eje de crecimiento, en un contexto donde la compañía identifica a México como el mercado de habla hispana con mayor potencial, lo que justifica una mayor asignación de capital para expandir su huella comercial y acercarse directamente al consumidor; la empresa del también presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Productos Cosméticos y del Cuidado del Hogar (Canipec), sabe que la combinación de tiendas propias y franquicias no sólo amplía cobertura, sino que optimiza la estructura operativa al apalancarse en terceros para acelerar la expansión, mientras que la experiencia en punto de venta se posiciona como un diferenciador clave para impulsar conversión y fidelización, en línea con una tendencia de la industria de belleza que integra canales digitales con presencia física para fortalecer marca y capturar demanda en mercados estratégicos.

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