PESOS Y CONTRAPESOS

Banxico, ¿autónomo? (2/2)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

En la segunda quincena de diciembre la inflación anual fue 3.69%. Después de cinco quincenas de aumentos, en la primera de marzo fue 4.63%, 1.63 puntos porcentuales por arriba de la meta puntual de inflación del Banco de México, 3%, el 54.33%.

La receta de política monetaria, cuya herramienta es la Tasa de Interés Interbancaria, TII, es: si aumenta la inflación debe aumentarse la TII o, por lo menos, no bajarse. ¿Qué decidió la Junta de Gobierno del Banco de México en la última reunión de política monetaria, la del pasado 26 de marzo? Bajar la TII de 7.00% a 6.75%. Dados los repuntes en la inflación de las últimas cinco quincenas, ¿cuál debió haber sido la decisión? Subirla de 7.00% a 7.25%, para, más allá de la eficacia de dicho aumento para contener (en el peor de los casos), o revertir (en el mejor), el repunte en la inflación, dejar claro que tales decisiones se toman de manera autónoma, sin “tener en cuenta” los intereses del Poder Ejecutivo federal y “sin recibir instrucciones” de la Presidencia de la República o de la Secretaría de Hacienda.

¿A quién le conviene que la TII baje para que induzca una baja en las tasas de interés, comenzando por las activas, que son las que se les cobran a los deudores? En primer lugar, al Gobierno federal.

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Una baja de 0.25 puntos porcentuales en la tasa de interés puede traducirse en una reducción, anual, de hasta 11 mil millones de pesos en el pago de intereses de la deuda gubernamental contraída a tasa variable (Cetes más Bondes igual a 4,426 billones de pesos. Cálculo: 0.0025 x 4,426 = 11,065 millones de pesos).

Llama la atención la declaración de Victoria Rodríguez Ceja, gobernadora del Banco de México, quien, ante la más reciente baja en la TII, dijo lo siguiente: “Estamos cerca de concluir el periodo de ajuste en la tasa”. A Rodríguez Ceja se le olvidó, o lo ignoró olímpicamente, que la tarea del Banco de México NO es llevar la tasa a un nivel predeterminado (¿cuál, por quién y para qué?), sino lograr la meta puntual de inflación del 3% y mantenerla en el 3%.

Una interpretación de la baja en la tasa de interés, y de lo dicho por la gobernadora, es que las decisiones de política monetaria ya no se toman de manera autónoma, en función únicamente de lograr la meta de inflación, sino en función del interés, del Gobierno federal, de abaratar el pago de intereses de su deuda. Todo indica que así es, lo cual resulta preocupante, porque es una muestra más de la concentración de poder en manos del Poder Ejecutivo federal, lo cual, entre otras muchas cosas, afecta la competitividad del país.

La competitividad del país se define como su capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que producen bienes y servicios, crean empleos, generan ingresos y contribuyen al bienestar, misma que depende, entre otras cosas, de un banco central autónomo, que tome decisiones técnicas, no políticas, comprometido con la meta de inflación (que, en mi opinión, no debería existir), y sólo con la meta de inflación, algo que hoy, con relación al Banco de México, está en entredicho.

¿Qué podría seguir? Quitarle formalmente la autonomía al Banco de México, para lo cual habría que modificar la Constitución, lo que Morena y sus aliados pueden hacer. Si fuera el caso, se cerraría el círculo de la concentración de poder en manos de la Presidencia de la República.

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