ANTINOMIAS

El Tribunal de Nuremberg

Antonio Fernández. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón

La reciente película dirigida, escrita y producida por James Vanderbilt, llamada Nuremberg, el juicio del siglo. Está basada en el libro titulado El nazi y el psiquiatra, publicado en el año 2013, la cual nos muestra, de forma magistral, la relación que tuvieron Hermann Göring (interpretado por Russell Crowe) y el psiquiatra Douglas Kelly (interpretado por Rami Malek), antes de que se llevara el juicio del tribunal de Nuremberg.

La creación del Tribunal Militar Internacional (TMI), conocido popularmente como el Tribunal de Nuremberg, fue un hito sin precedentes que marcó el nacimiento del derecho internacional penal moderno. Fue una decisión que se basó en una arquitectura legal construida durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Su fundamento principal fue la llamada Carta de Londres, (8 de agosto de 1945). Un acuerdo firmado por las potencias aliadas: Estados Unidos, Gran Bretaña, la URSS y Francia, que estableció formalmente la creación del tribunal.

Lo más relevante fue la creación del Estatuto de Nuremberg, que definió, por primera vez, los crímenes que se juzgarían: crímenes contra la paz, juzgaría el planear o iniciar una guerra; crímenes de guerra: serían las violaciones de las leyes de la guerra como: maltrato a prisioneros, ejecución de rehenes; crímenes contra la humanidad: como son los asesinatos, exterminio o persecución de poblaciones civiles por motivos políticos, religiosos o raciales.

El tribunal buscó que los crímenes no quedaran impunes bajo el pretexto de la soberanía nacional. Para ello, tenían que sortear una cuestión establecida históricamente, que ningún individuo podía ser responsable por actos cometidos en nombre del Estado. El tribunal de Nuremberg rompió dicho precedente bajo el argumento de que los crímenes contra el derecho internacional son cometidos por hombres, no por entidades abstractas.

El tribunal también tuvo que rechazar el principio de “obediencia debida”. Se estableció el fundamento jurídico de que el hecho de que un soldado o funcionario estuviera obedeciendo órdenes de un superior no lo eximía de responsabilidad criminal, siempre que hubiera tenido la opción moral real de no obedecer dicha orden.

Otra de las cuestiones que tuvo que resolver el tribunal fue el principio general del derecho de que no hay crimen ni pena sin ley previa. Bajo este argumento, los defensores de los nazis juzgados armaron su defensa, pues no existía una ley como la que se estableció de crímenes contra la paz.

El principal acusado por el tribual fue Hermann Göring por crímenes contra la paz, planificar e iniciar guerras, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, siendo sentenciado a la pena de muerte.

El principal operador de los juicios fue el fiscal estadounidense Robert Jackson, quien llevó el interrogatorio principal contra Göring, y tuvo que reunir gran cantidad de información en su contra y, sobre todo, documentos firmados por el propio Göring que señalaban su participación directa para perseguir a los judíos, situación que había negado conocer.

El tribunal de Nuremberg se desintegró posteriormente y se creó la Corte Penal Internacional (CPI), pero lo absurdo de ello es que Estados Unidos no participa en él ni acepta su jurisdicción, bajo el argumento de que atenta contra su soberanía y jurisdicción, pues siendo una potencia global no pueden sus soldados ser sometidos a tribunales de los propios de los norteamericanos. Es decir, no quieren correr el riesgo de ser juzgado por una corte internacional que ellos no controlen. Un absurdo después de ser ellos quienes juzgaron a los nazis. Por ello la CPI no tiene la relevancia que debería tener y, por ejemplo, poder juzgar a Trump y a Netanyahu por crímenes contra la humanidad.

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