Sí tenía nombre y también un puesto como funcionaria pública en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la mujer que apareció en una de las ventanas del Palacio Nacional asoleándose las piernas mientras veía su teléfono.
Gérard Wajcman, autor del libro “El ojo absoluto” dice que la imagen siempre ayuda a comprender al ser humano y aún más en estos tiempos cuando las cámaras son tantas y nos convierten en observadores de todo y nada, de lo conocido y desconocido, de lo esperado y lo inesperado.
Como la aparición de esta mujer, algo nunca antes visto, porque es claro que el Palacio Nacional es espacio en donde reside el poder ejecutivo del país. Siempre ha cumplido con áreas de trabajo, pero nunca había residido allí el o la Presidenta, hasta que Andrés Manuel López Obrador y ahora su sustituta.

Apóstoles de Morena
El Palacio tiene más vida que nunca, cada habitación señala una función distinta y entre sus tareas, nunca puntualizaron que trabajarían en un edificio histórico y en la sede “como tal” del poder ejecutivo de un país entero.
Es así que hemos visto a mujeres y hombres asomándose de vez en cuando por las ventanas, o presenciando conciertos desde sus balcones.

Ya no solo es la familia del Presidente en cuestión quien se asome en días festivos como la Independencia, sino que, en cualquier día, cualquiera puede convertirse en punto de atención.
Conocemos la historia de esta imagen, sobre todo que, tras publicarse y correr como fuego en las redes sociales, el mismo gobierno lo negó diciendo que era una imagen creada con Inteligencia Artificial. Gran pretexto pero mal mentira.
Pareciera que no saben que todo lo real es visible y solo visible es real. Todos lo vimos y hasta de distintos ángulos. La mujer tenía un rostro, cabello claro, y piernas que en su defecto, claramente necesitaban sol, pero no el del Zócalo sino el de alguna playa mexicana.
Como bien dicen, “Toda mancha ciega se hace notar” y esta falta de respeto, y la desfachatez de los seguidores comprados para anular cualquier error del gobierno en el poder, no fue suficiente. Era real y su mancha ciega, tenía nombre, apellido y función.
Somos la civilización de la mirada, millones de celulares con cámara están allá afuera y miles de ellos están buscando día a día qué grabar, qué capturar para evidenciar lo que pasa y no solo eso, sino que la intención es hacerse visible, haciendo visible quien no puede estar allí.
En este caso en el Zócalo, seguramente usted estaba en su oficina, manejando en el tráfico o en alguna cena, cuando vio la escena en su celular.
Separar la imagen exacta de lo que alguien vio, hoy ya es imposible. Hay una escena, hay un rastro, hay una prueba y está al alcance de todos a través de una pantalla.
Recuerde esto, lo que no tiene imagen se convierte en solo un rumor, pero si existe la prueba gráfica fija o en video, se sube a la conversación, a la comprobación y a exigir una explicación.
Somos una sociedad que vigila y la oportunidad de hacer un video o capturar una fotografía a algún funcionario comportándose de manera incorrecta, nos fortalece nuestro compromiso con la transparencia y la exigencia con quienes nos mientan con un tweet pero se evidencian con una imagen.
Cuidado con el sol, porque a veces quema…. Y feo.

