La SHCP ha dado a conocer los Precriterios de Política Económica 2027 con estimaciones financieras para 2026 y 2027. En el caso de la deuda pública, al cierre del año 2026, México alcanzaría una deuda de 20 billones 419 mil 800 millones de pesos. Que representa 54.7 por ciento del PIB, y para 2027, podría quedar en 55 por ciento del PIB.
La deuda pública representa las obligaciones adquiridas, vía préstamos o bonos, para financiar el déficit de un gobierno; lo que implica que sus ingresos, impuestos o venta de productos o servicios o bienes públicos como el petróleo, son insuficientes. La deuda es lo que el país debe a acreedores internos o externos, y se mide con respecto al PIB, que es un referente para evaluar su capacidad de pago.
La deuda pública de México alcanzó los 18 billones 617.8 millones de pesos en enero de 2026. Aumentó 2.3 por ciento respecto a enero del 2025. Por otro lado, los registros hacendarios muestran que, en septiembre de 2024, la deuda era de 16.7 billones de pesos, y ahora se proyecta para 2026, la cantidad de 20.4 billones; esto es, subió 3.7 billones de pesos en menos de dos años. Y si comparamos con diciembre de 2018 cuando era de 10.4 billones, tendríamos que el aumento acumulado llegaría a 10 billones de pesos en los últimos ocho años, correspondientes a los gobiernos de López Obrador y lo que va de Sheinbaum Pardo.
Este endeudamiento explica e impacta la falta de crecimiento, la limitada inversión extranjera directa y una disminuida productividad, que se acrecienta junto a una economía mundial inmersa en conflictos bélicos que demandan una economía de guerra, consume amplios recursos y afectan el mercado mundial.
México no ha logrado revertir las dificultades en la importación de alimentos, combustibles y bienes o mercancías de salud, y la inversión no muestra confianza ante las propuestas gubernamentales; inseguridad, corrupción e impunidad, más las presiones por las negociaciones del T-MEC y los pocos incentivos fiscales afectan el crecimiento.
Además, el uso de recursos públicos para pagar la deuda y sostener obras faraónicas improductivas y un gran uso de recursos para clientelas electorales, disfrazados de apoyos sociales, disminuye las capacidades para una inversión sostenida favorable al desarrollo nacional.
Han entrado en crisis las supuestas soberanías alimenticia y energética. Lo cual propicia impactos adversos en educación, salud, empleo formal e inversión en infraestructura, comunicaciones, transportes y conectividad, lo que aleja de una competitividad internacional en términos reales. Habrá que hacer algo más productivo con Pemex, CFE, AIFA, Dos Bocas, Tren Maya y Mexicana.
El conflicto entre EU e Israel contra Irán y la guerra de Rusia contra Ucrania, han afectado la circulación de los productos energéticos y para la agricultura en el mundo, generarán escasez, aumentará la inflación y se incrementarán los precios de todas las mercancías y servicios.
Aplicar políticas de avestruz o autoengañarse parloteando que vamos bien es irracional, muy costoso socialmente para los más pobres y negativo en la credibilidad gubernamental. La deuda apergolla.