Las turbulentas elecciones peruanas parecían dejar como resultado dos candidaturas para la segunda vuelta, la de Keiko Fujimori Higuchi, con cerca de 17 por ciento de los votos, y la del exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, con menos de 13 por ciento. Ambos presumían ocupar el 30 por ciento de los votos, un rendimiento limitado que refleja la dispersión de un campo político en que intervienen decenas de partidos y candidatos.
En las últimas horas, el conteo verificó un importante repunte de Roberto Sánchez Palomino, uno de los pocos candidatos de izquierda, exministro de Comercio Exterior y Turismo del gobierno de Pedro Castillo, entre 2021 y 2022. De rebasar Sánchez Palomino a López Aliaga, el giro a la derecha en Perú no estaría asegurado, pero dependería de las alianzas de Sánchez y de su triunfo en el balotaje.
Fujimori Higuchi y López Aliaga son dos conocidos líderes de derecha, alineados con políticas duras de seguridad, migración, libertad de comercio y rechazo a todas las izquierdas latinoamericanas, las democráticas y las autoritarias. Ambos han mostrado simpatías con el avance del trumpismo en la región y han prometido políticas exteriores de inscripción en el horizonte de las nuevas derechas.

Caso Zaga Tawil: ¿y Murat?
La relación privilegiada de Perú con China y la región de Asia-Pacífico será uno de los puntos críticos de la campaña presidencial en la segunda vuelta. Puede haber matices en la posición de ambos candidatos, pero los dos buscarán una relación prioritaria con el gobierno de Donald Trump, que no altere poderosos vínculos y proyectos de inversión y crédito de China en el país andino.
De cara a la región, si Sánchez no pasa al balotaje, el nuevo gobierno impulsará el desplazamiento conservador, retomando buenos vínculos con Ecuador, Bolivia y Chile.
Luego de estas elecciones, toda la región andina quedará en manos de la derecha y eso deberá reflejarse en los juegos y presiones diplomáticas al interior de América Latina.
No habría que descartar que el avance de esa cohesión conservadora en Los Andes busque un relanzamiento de los nexos con Argentina y Paraguay, dos países suramericanos también gobernados por derechas. En foros suramericanos, como Mercosur, será notable la confluencia de tantos gobiernos en una misma línea, que, a pesar de algunos puntos de coincidencia pragmática con Brasil y Uruguay, dejarán claro su rechazo a los BRICS y a las alternativas geopolíticas a Estados Unidos.
Con Perú, el avance de la derecha ejercerá presión, fundamentalmente, sobre el Brasil de Lula y la Colombia de Petro. Sería difícil que esos gobiernos no exploraran diversas formas de persuasión a favor de Flavio Bolsonaro, en Brasil, y de la candidata o el candidato que resulte definitivamente vencedor para enfrentar a Iván Cepeda en Colombia.
Ambas elecciones, la brasileña y la colombiana, no sólo mostrarán un grado mayor de intervencionismo por parte de Estados Unidos, sino también desde esa nueva derecha latinoamericana que ahora se proyecta como un actor regional.

