QUEBRADERO

“¿Qué horas son?, las que ud. diga".

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Es un mal endémico el que difícilmente se le hagan críticas a la autoridad. Surgen los temores de las reacciones que se puedan tener, porque además no hemos desarrollado los procesos en los que se pueda debatir sin que medien amenazas o los explicables temores, por lo que puede provocar lo que se le dice a la autoridad o a los jefes.

Se tiende a crear procesos en que se combinan todo tipo de actitudes en donde en muchos casos prevalece el servilismo, o algo que en ocasiones se convierte en una constante, el silencio. Más vale no decir nada, porque todo lo que diga se puede revertir o no vaya a ser que se enojen y me corran.

No es casual aquello de ¿qué horas son?, las que usted diga. Esta expresión tiene que ver con la relación que a lo largo de décadas se ha establecido en la política. No hay quien se atreva a plantear directamente las cosas y suele suceder que cuando esto pasa, ciertamente las autoridades, o los jefes, terminan sintiéndose agredidos, porque en lo general no aceptan la crítica y la autocrítica.

Una cosa es la militancia partidista, que en algún sentido obliga a seguir los lineamientos propios de la organización, y otra que no se expresen abiertamente las opiniones que en muchos casos puedan molestar, por decirlo de alguna manera, a quienes encabezan las dirigencias, ya sean nacionales o regionales.

En el gobierno y Morena tienen que replantearse la forma en que establecen las relaciones políticas internas, porque pareciera que no hay manera de que se construya la crítica y la autocrítica como forma de vida. Es probable que esto haya sucedido con el deterioro de la todavía, presidenta del partido.

Resulta incomprensible que nadie en el entorno directo de ella le haya planteado las muchas dificultades que había en la dirección de Morena, pero sobre todo las que ella misma estaba sistemáticamente provocando. Nadie se lo dijo hasta que le alcanzaron las críticas externas y, sobre todo, la remoción.

Podrá tener ahora un cargo en Palacio Nacional, pero es evidente que la hicieron a un lado, porque no estaba respondiendo a la dinámica de lo que se esperaba de ella en función de dirigir un partido definitivamente hegemónico. Se enfrentó a los partidos de la alianza, manejó Morena a su antojo hasta que ya no hubo manera de mantenerla en el cargo.

Todo indica que nadie le dijo nada, y si se lo dijeron pudieron pasar dos cosas: por un lado, que lo que le hayan planteado lo haya pasado auténticamente de largo, lo otro, podría ser que le plantearon el asunto, lo haya hecho a un lado como una suerte de desprecio a críticos.

Este caso es uno de los muchos de la vida política. A López Obrador no había manera de plantearle nada que no tuviera elementos que le fueran favorables o que fueran empáticos a sus estrategias. Quienes le renunciaron a lo largo de su sexenio acabaron siendo señalados, no se permitía que alguien le renunciara, él era la primera y última palabra.

Los gobiernos que asumen la crítica como forma de vida y acción, además de que se vuelven transparentes acaban por superar la difícil prueba del ensayo y error propia de la gobernabilidad.

Al gobierno y a Morena les hace falta la crítica y la autocrítica. Presumen que viven en ellas, pero en la práctica todo indica que no es así. A la Presidenta pareciera que nadie le ayuda a hacer un análisis puntual del día a día, lo cual no está exento de equivocaciones como ha sucedido en las últimas semanas.

Se puede vivir bajo el ¿qué horas son?, las que usted diga jefe, pero las repercusiones deterioran la gobernabilidad. En política esto es un lastre en donde quien resulta más perjudicado es la jefa o el jefe como se anda viendo.

RESQUICIOS.

La investigación a Marcelo Ebrard por su hijo en Londres tiene varias aristas: aprovecharse de su cargo en beneficio de su hijo lo cual amerita una profunda investigación y en su caso sanción, y que le cobren sus enfrentamientos en la época de las corcholatas.

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