LA MALETA DEL CINE

Volver a ser ligero

Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Regresamos a la bella Italia con uno de sus grandes filósofos de la imagen en movimiento, Paolo Sorrentino. En esta ocasión, ha situado el mundo de sus personajes en el centro de la política italiana en la radiante y provocadora La grazia (2025).

Italia fue el epicentro del imperio romano desde el siglo VI a. C. hasta el 476 d. C. Logró convertirse en una nación consolidada hasta el año de 1861 y, tras la Segunda Guerra Mundial, en 1946, se formó como una república.

Es considerado como uno de los países más conservadores y tradicionales del mundo, no es mera coincidencia que sea sede del Vaticano, el hogar del Papa, el máximo líder de la Iglesia Católica y el mayor representante de Dios en la tierra. En Italia, el matrimonio igualitario no es legal y el suicidio asistido continúa dentro de una batalla legal interminable.

También es importante mencionarlo, la pizza moderna como la conocemos hoy en día se originó en Nápoles entre los siglos XVII y XVIII y es atribuida a Raffaele Esposito.

La grazia nos cuenta la historia del presidente ficticio Mariano De Santis (interpretado por el fabuloso Toni Servillo), quien en el capítulo final de su mandato y de su vida está enfrascado en una crisis personal. La relación con sus hijos es incierta y distante; busca desesperadamente descubrir la identidad del que fue el amante de su difunta esposa hace 40 años; se siente inmerso en una extraña melancolía y tiene que tomar la decisión de si firmar o no tres documentos. Uno de ellos, la nueva ley de eutanasia.

Su hija Dorotea (Anna Ferzetti) es una gran aliada, pero al mismo tiempo lo reta constantemente para que tome las decisiones cruciales de su gobierno y que rompa con su actual estado de inacción. Su amistad con el Papa (Rufin Doh Zeyenouin), noble y especial, complica la certeza que requiere para cumplir con sus deberes.

Como es siempre el caso con Sorrentino, los personajes y las premisas de La grazia no son lo que aparentan. La superficie es sólo un plano donde los logramos reconocer, pero debajo de eso hay un flujo interminable de ideas, reflexiones, colores, sonidos y emociones. El mundo de la política y la coyuntura en la que se encuentra el presidente De Santis son en esencia ventanas que adivinan otras realidades, canales de expresión e inagotables introspecciones sobre la delicadeza de la existencia y las relaciones humanas.

Sumado al sello inconfundible de Sorrentino, el gran trabajo de los actores, el espléndido soundtrack y la milagrosa fotografía de Daria D’Antonio, la cinta nos invita a mirar hacia dentro sin miedo y sin dudas.

Sorrentino nos invita a preguntarnos, ¿qué es más importante, la verdad a la que nos sujeta el pensamiento o la verdad que permanece dentro de nuestros corazones?

¿Qué necesitamos todas y todos para desprendernos de la pesadez y volver a ser ligeros?

La película se encuentra en cartelera en la Cineteca Nacional México.

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