ACORDES INTERNACIONALES

Expediente Irán: El test de los países alcanzados

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

La etiqueta guerra mundial se usa fácil y se prueba difícil. Para merecerla no basta con que suba el petróleo o con que Ormuz sea el punto de tensión; además, tiene que haber expansión sostenida, más actores armados y un conflicto que deje de ser regional en su conducción, no sólo en su costo.

Hoy, con los datos en la mesa, podemos decir que todavía no estamos en una guerra mundial. Lo que vemos es una guerra regional con factura global —Estados Unidos e Israel contra Irán— cuyos derrames ya alcanzan al Golfo y al Levante y cuyos mercados están internacionalizando el precio de cada incidente.

Para saber si cruza el umbral, conviene un test simple: cuántos Estados han sido alcanzados por ataques o incidentes vinculados al conflicto, y cuántas potencias han pasado de la condena y la diplomacia a la intervención militar directa. Con ese tablero, el mapa es amplio… pero aún no es mundial.

El núcleo es claro: Irán como teatro principal de golpes (desde los ataques iniciales del 28 de febrero y, después, los reportes estadounidenses de ataques de represalias tras incidentes en Ormuz); Israel como receptor constante de represalias; y Estados Unidos como actor atacado y atacante, ya no sólo como respaldo. Ese triángulo, por sí solo, ya define una guerra abierta. Lo preocupante es el anillo alrededor: cuando el fuego toca nodos energéticos, puertos y cielos de terceros, el conflicto deja de ser trilateral y se vuelve una prueba para toda la región.

El Golfo está dentro, no como espectador. Emiratos aparece en el recuento por Fuyaira -incendio en su zona industrial petrolera atribuido a un dron enviado desde Irán- y por reportes de defensa aérea enfrentando amenazas que Teherán niega. Kuwait se suma con reportes de drones hostiles en su espacio aéreo. Arabia Saudita cuenta por el ataque reportado contra el complejo petroquímico de Jubail. Líbano vuelve a ser frente activo por la campaña de ataques, presión política y la lógica de la solidaridad de Hezbollah como vector de expansión.

Y más allá de la región, la guerra ya golpea por la ruta comercial: Corea del Sur aparece por un ataque a un carguero en Ormuz , y Qatar por la disrupción del gas y el tránsito selectivo caso por caso a través del estrecho. En conjunto, el dato duro es que hay al menos nueve países tocados por ataques o incidentes relevantes. Eso no es todavía guerra mundial por una razón: la participación militar directa de grandes potencias sigue concentrada. Pero sí es lo bastante grande como para que el costo ya no sea local y la contención deje de ser un eslogan.

Lo que importa: el acuerdo no está en pausa, está en disputa abierta. Trump dijo que el alto al fuego está en soporte vital después de desechar la respuesta iraní al marco de paz, y Axios reporta que en la Casa Blanca ya se discute retomar presión militar y reactivar Project Freedom en Ormuz.

Lo que distrae: las declaraciones extravagantes —de Washington y de Teherán— que buscan ganar el día en redes.

Temas:

Google Reviews