VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

La derrota de Estados Unidos

Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Conforme pasan los días y Estados Unidos es incapaz de obtener concesiones significativas de Irán, queda cada vez más clara la magnitud de la derrota de Washington. La supervivencia del régimen iraní confirma, una vez más, que es casi imposible cambiar un régimen mediante bombardeos aéreos, dejando nuevamente en evidencia los límites del poder militar.

Sin embargo, esto es algo que ya habíamos visto antes, incluso recientemente en Afganistán. La diferencia es que, a diferencia de Afganistán, Irak, Vietnam o Cuba, Irán es un actor estratégico en el comercio energético internacional y controla una de las rutas petroleras más importantes del mundo. Es decir, no se trata solamente de un fracaso en lograr un cambio de régimen o incluso en detener el programa nuclear iraní, sino de una derrota estratégica con profundas consecuencias a largo plazo.

El régimen iraní, aunque sin duda bajo presión, sabe que puede, como lo demostró durante semanas, resistir un nuevo embate militar estadounidense e israelí. Como suele ocurrir en los conflictos asimétricos, Irán encontró la manera de causar daños significativos a sus enemigos, atacando con misiles y drones cientos de objetivos en el Golfo Pérsico e Israel, provocando daños multimillonarios y paralizando gran parte de la región. Por ello, el régimen no está dispuesto a hacer concesiones importantes y probablemente logrará conservar su programa balístico y al menos parte de su programa nuclear, consolidándose como una potencia central en la región. Un actor al que muchos preferirán tener de su lado antes que enfrentarse a su liderazgo sin límites. Esto implica que Estados Unidos, cuya reputación ha sufrido un duro golpe, perderá influencia regional y verá debilitada su posición como potencia hegemónica.

No obstante, la derrota estratégica más grave reside en otro resultado aún más preocupante: Irán ha fortalecido su capacidad de control sobre el estrecho de Ormuz, algo que difícilmente estará dispuesto a ceder. Esto significa que Teherán podrá amenazar al mundo, cada vez que quiera, con cerrar el estrecho y desencadenar una crisis económica global. Se trata de una poderosa herramienta de presión sobre prácticamente todos los países dependientes de los hidrocarburos. Esta es la historia de cómo la ambición de Netanyahu y Trump terminó convirtiendo a Irán, un país que parecía al borde del colapso, en una fuerza internacional.

Lo único que le queda a Trump es intentar presionar al régimen para arrancar algunas concesiones y retirarse lo antes posible, o esperar que, milagrosamente, el pueblo iraní se subleve. Probablemente preferirá dejar este problema a la próxima administración. Sin embargo, el daño a la imagen y a la capacidad de disuasión de Washington parece ya irreversible.

Temas:

Google Reviews