¡JUEGUE!

Lo que fue no será

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

El Mundial en México tiene poco o nada que ver con lo que pasó en 1970 y 1986. Las condiciones del país son distintas y el entorno no tiene mucho que ver con aquellos años.

Que no nos dé por la nostalgia porque hoy las cosas son muy diferentes. México va a ser sede de un número limitado de partidos, a lo que se suma que, con la gran cantidad de juegos, con 48 selecciones participantes, muchas cosas se pueden perder del radar futbolero.

De los 16 equipos que participaron en el 70 pasamos a 24 en el 86. Lo importante en aquellos momentos era que había un solo país sede, lo que provocaba que muchas ciudades estuvieran involucradas. Había fiesta porque en un gran número de ciudades del país, el futbol era el centro, lo que permitía que los aficionados sintieran el Mundial en su cotidianidad.

El evento pasó por Nezahualcóyotl, Toluca, León, por el estadio de Ciudad Universitaria, Puebla, además de Monterrey, Guadalajara y el entonces DF. El Mundial no se concentraba únicamente en tres ciudades como en esta ocasión.

Hoy, en algún sentido, somos una parte menor del negocio que hace la FIFA. EU terminará siendo, en la siguiente ronda, como lo fue en el 94, algo así como sede única. Los de pantalón largo van donde está el negocio y donde está el poder; EU lo es para ellos.

Ya no está en el centro la tradición ni el nivel futbolístico. Eso quedó para la nostalgia y para otros mundiales. En otro tiempo se pensaba en la consolidación del futbol en sedes con países que estaban en proceso de construir su tradición. En el caso de América Latina, Chile en 1962, México en el 70 y Argentina en 78, tenían los suficientes elementos para ser sedes, a pesar de que, en los dos primeros casos, su futbol todavía se mantenga rondando la media tabla.

Es difícil que, bajo estas condiciones en un país como el nuestro, de suyo futbolero, se pueda sentir el ambiente desde ya por el Mundial. Los gobiernos viven en la preocupación, porque pareciera que les dijeron, a principio de año, que nuestro país iba a ser sede de 13 partidos del Mundial, siguen en la improvisación y las prisas.

Todas las obras para la movilidad de los turistas y para quienes tengan lana y la oportunidad de asistir a los estadios, lo único que han provocado ha sido un caos y una molestia interminable. No hay manera de que por más que los aficionados al futbol no acaben por encontrar un problema que provoque molestia y distancia.

No dudamos que, en las cercanías de la inauguración, entre la abrumadora publicidad y el interés genuino de los aficionados por el futbol cambien los ánimos. Por lo pronto, no alcanzan a apreciarse porque no están dadas las condiciones para ello, y porque si se trata de comparar con el Mundial de 70 y el de 86, las condiciones eran otras. Estábamos en medio de la ingenuidad y la esperanza, se pensaba que la selección mexicana podría cumplir una participación fuera de serie.

Al final nos dimos cuenta de que eso no era posible. En el 70, los mexicanos de pantalón largo se llevaron a Toluca al Tri, cuando bien pudo permanecer en el Azteca. Italia nos pasó por encima en Toluca recetándonos un 4-1.

En el Mundial de 86 de nuevo sacaron del Azteca al Tri en tiempos en que pesaba el estadio. Mandaron a la selección al estadio de los Tigueeeeres para que Alemania nos dejara fuera en penaltis, en medio de piernas que temblaban desde los 11 pasos.

Por ahora todo parece improvisado, como si nos hubieran dicho apenas ayer que seríamos sede del Mundial. Presumen que tenemos experiencia como mecanismo de defensa más que como una herramienta para poner en marcha estrategias.

Hay nostalgia por lo que fue y ya no será porque, además, el futbol se nutre del pasado. Somos otros de los que fuimos en el 70 y 86. Lo que pasa es que ahora la FIFA es la dueña total y los países y sus gobiernos se someten, pero no soslayemos que en el futbol prevalece el aficionado, el cual termina por encargarse del jolgorio; es cuestión de que empiece el Mundial.

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