Con obras a la carrera para tener la infraestructura lista que permita a México albergar 13 de los 104 partidos de la Copa FIFA 2026, entre ajolotes —extintos— y millones de litros de pintura morada que no arreglan, pero enchulan la vista en puentes y barandales, llenos de baches y agua de lluvia que el drenaje chilango no es capaz ya de procesar, se anunció algo por demás interesante.
Felipe VI, rey de España, vendrá el 26 de junio a Guadalajara, Jalisco para acompañar al equipo ibérico en su tercer partido de la fase de grupos, primero en México, frente a la escuadra uruguaya. Al monarca lo recibirá la Presidenta Sheinbaum, no saben aún cómo o dónde, pero habrá un momento protocolario para el representante del Estado español. También sucederá con aquellos dignatarios que decidan venir al Mundial.
Con el anuncio de la visita que responde a la invitación de Claudia Sheinbaum a Felipe VI, la relación entre dos naciones, cuyos vínculos son indisolubles, aún frente a ocurrencias que sólo generaron agravios por la desatención que en España dieron a las exigencias mexicanas para pedirnos perdón, vuelve a encauzarse.
Fino trabajo diplomático de ambas partes para sin incordiar al ex o a la historiadora, las cosas volvieran a un estado del que nada bueno dejó salirse. Desde 2019 la relación entre México y España se enfrió. Lo real continuó como si nada, viajes, inversiones e intercambios económicos, incluso culturales.
Y luego, a nivel ministros o secretarios de ambos gobiernos, palabras que terciopelo reconocieron que en la historia siempre sería mejor no incurrir en excesos, violencia y menosprecio.
Sí. Y después por el flanco de la cultura y del turismo más acercamientos y fotografías. Gentiles reconocimientos de ambas partes para, sin salpicar, meternos a aguas más provechosas, sanas y pertinentes.
Vendrá un rey a México a ver un partido de futbol, a pisar la tierra por la que los españoles sienten agradecimiento, a la que reconocen y con la cual, desde nuestra Independencia, tratan correctamente.
Atrás quedarán, en contenedores rellenos de acolchada demagogia acomodados, los afanes épicos de quien con símbolos nos gobernó.
Quién nada reconoció como perfectible en su quehacer político histórico, volteará para otro lado, a la selva detrás de la ceiba.
Mientras tanto, y en vísperas de la fiesta de las patadas, el segundo piso de la 4T también enmienda la reforma al Poder Judicial que heredó. Lo mismo, sin meter mucho el dedo en la herida, habla de ahorros, de ajustes, de claridad para que los acordeones sean menos escandalosos. Que la segunda tanda para votar a ministros, magistrados y jueces se postergue hasta junio del 2028.
Cuanta energía y capital político se requiere para enderezar la épica en la cual sólo con ser buena gente debía bastar para todo. Para todo. Y sí, la estadística muestra que la violencia criminal baja en todo el país.
Qué bueno, qué diferente es, aunque no lo puedan decir.
No es una entrega cualquiera
