En las grandes sedes donde habrá eventos importantes, como los mundiales o los Juegos Olímpicos, las ciudades comienzan a prepararse con años de anticipación.
MOVILIDAD VULNERABLE

Cuando se habla de la Copa del Mundo 2026, la mayoría imagina estadios llenos, turismo, derrama económica y millones de aficionados viajando entre ciudades. Pero hay un tema del que se habla mucho menos y que, en realidad, puede definir el éxito o el fracaso del evento: la movilidad.

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Porque un Mundial no solamente pone a prueba a los equipos en la cancha. También pone a prueba a las ciudades.
En 2018, todavía durante la administración de Enrique Peña Nieto, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) confirmó oficialmente que México, Estados Unidos y Canadá serían sede conjunta del Mundial 2026. Desde entonces, el Gobierno mexicano firmó compromisos de infraestructura, movilidad, seguridad y modernización urbana para poder albergar el torneo más importante del planeta.
Cuando Andrés Manuel López Obrador llegó al poder, todavía podía frenar proyectos o modificar compromisos financieros relacionados con el Mundial, si consideraba que no eran prioritarios. No lo hizo. El problema es que pasaron los años y muchas de las grandes obras de movilidad y drenaje que requiere una urbe como la Ciudad de México simplemente no avanzaron al ritmo necesario.
Hoy el reto es enorme. Los partidos se jugarán en plena temporada de lluvias, cuando cada año la capital colapsa por inundaciones, falta de desazolve y caos vial.
Aunque se han hecho esfuerzos en transporte público y modernización, la realidad es que la movilidad en la Ciudad de México es cada vez más complicada. El Mundial pondrá a prueba no sólo los estadios, sino la capacidad real de la ciudad para mover a millones de personas en medio de una infraestructura urbana saturada.
En el curso Major Events: Navigating Opportunities and Challenges (Grandes Eventos: Navegando Oportunidades y Desafíos) de la Harvard Kennedy School, al que tuve la oportunidad de asistir, uno de los temas centrales fue precisamente la movilidad y la importancia de ésta en eventos como un Mundial de futbol.
La Copa del Mundo 2026 será uno de los eventos deportivos más grandes de la historia. Se jugará durante 39 días en 16 ciudades de Norteamérica entre Estados Unidos, México y Canadá. Eso significa millones de aficionados moviéndose constantemente entre aeropuertos, estaciones, hoteles, estadios y centros urbanos.
La verdadera prueba no será futbolística, será logística. Particularmente para aeropuertos y sistemas de transporte público.
Las ciudades estadounidenses hoy están acelerando obras, ampliando rutas, modernizando líneas ferroviarias, incrementando flotas de autobuses y preparando planes de contingencia para evitar algo que preocupa enormemente a los expertos: el colapso de la movilidad.
Porque cuando millones de personas intentan desplazarse al mismo tiempo, cualquier pequeña falla puede convertirse rápidamente en un caos masivo.
Los especialistas llaman a esto crush load: una presión extrema sobre la infraestructura de transporte generada por concentraciones masivas de personas en ventanas muy pequeñas de tiempo. Y el Mundial tiene precisamente esa dinámica.
A diferencia de otros deportes, como el futbol americano, donde muchos aficionados llegan horas antes para convivir o pasar el día alrededor del estadio, en el futbol ocurre algo distinto: la mayoría llega y sale prácticamente al mismo tiempo.
Eso genera enormes concentraciones humanas. Y ahí es donde los sistemas de transporte pueden quebrarse.
En Estados Unidos, incluso con toda la inversión y planeación, todavía existen focos de preocupación. Uno de ellos está en el corredor ferroviario del noreste, operado por Amtrak, que conecta ciudades clave como Nueva York, Boston y Filadelfia.
Ese tramo será fundamental para el Mundial, porque concentra una enorme cantidad de partidos y movimiento de aficionados.
El problema es que la infraestructura es vieja. Las propias autoridades han reconocido que una falla importante en ese sistema podría ser “catastrófica”.
Nueva York representa perfectamente este desafío, pero, por lo menos en Estados Unidos existe una discusión seria sobre movilidad. En México, sistemas como el Metro de Monterrey o el de la Ciudad de México siguen mostrando enormes carencias.
Nuevo León apostó miles de millones de pesos a la expansión del Metro rumbo al Mundial 2026, especialmente con las nuevas Líneas 4 y 6 de Metrorrey.
Sin embargo, a pocos días del torneo, el gobierno estatal reconoce que gran parte de las obras no estarán completamente operativas para los aficionados. Las líneas presentan retrasos y apenas algunos tramos podrían funcionar parcialmente.
El proyecto fue presentado como una de las grandes soluciones de movilidad para Monterrey, pero hoy el Mundial exhibe el problema de muchas obras públicas en México: promesas ambiciosas, retrasos y planeación insuficiente.
En el Metro de la Ciudad de México la Línea 12 ya fue reabierta completamente, pero las dudas sobre su seguridad y sobre el estado general del sistema continúan.
Mientras millones de usuarios enfrentan diariamente escaleras eléctricas descompuestas, goteras, saturación y fallas constantes, el gobierno capitalino ha preferido invertir también en cambios estéticos y remodelaciones visuales que poco ayudan a resolver el verdadero problema de movilidad.
La realidad es que el Metro de la Ciudad de México continúa operando bajo enorme presión, con infraestructura envejecida y un sistema que difícilmente parece listo para soportar la exigencia de un Mundial.
Durante el Super Bowl de 2014 miles de personas quedaron varadas después del partido debido al colapso operativo del sistema de transporte. Eso ocurrió en un evento de un solo día.
Ahora imaginemos una Copa del Mundo completa durante más de un mes.
Filadelfia enfrenta problemas financieros y operativos en su sistema de transporte. Los Ángeles lleva años intentando ampliar su infraestructura rumbo al Mundial y a los Juegos Olímpicos de 2028, pero muchas obras apenas estarán terminadas a tiempo. Kansas City prácticamente no tiene una red eficiente de transporte masivo hacia el estadio.
Texas sigue teniendo conexiones ferroviarias lentas e insuficientes. Incluso Miami continúa dependiendo enormemente del automóvil privado.
Todo esto demuestra algo importante: incluso los países más ricos enfrentan enormes dificultades para organizar un megaevento de este tamaño.
Porque la movilidad moderna no depende únicamente de construir más líneas de transporte. Depende de coordinación, comunicación y comportamiento humano.
Los expertos internacionales insisten en la necesidad de una coordinación logística permanente entre gobiernos, aeropuertos, operadores de transporte, protección civil y cuerpos de seguridad.
Todo debe operar prácticamente en tiempo real. Además, los visitantes extranjeros requieren estrategias distintas a las de la población local. Los residentes entienden cómo funciona su ciudad; los turistas no.
Por eso se necesitan sistemas especiales de orientación, traducciones, señalización internacional y personal de apoyo para dirigir a millones de personas.
Y todo esto cuesta muchísimo dinero.
Ahí aparece otro de los grandes problemas rumbo al Mundial 2026: la falta de inversión suficiente en movilidad.
La Ciudad de México enfrenta diariamente saturación vial, sobrecarga en el Metro, tiempos excesivos de traslado y problemas constantes de operación.
Porque el éxito de un megaevento internacional no depende solamente de lo que ocurre dentro del estadio. Depende también de algo mucho más básico: que la gente pueda llegar, que pueda salir y que la ciudad no colapse en el intento.
La solución anunciada de que la gente trabaje desde casa y que les den vacaciones a los estudiantes no va a resolver el problema de movilidad en la ciudad.

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