Un país, una capital cuyo organismo se regula solo. Una sociedad que abraza y repela casi todo al mismo tiempo. Caben la CNTE y el Mundial. Entre el populismo de la 4T y la racionalidad economicista, casi neoliberal, sentenciando a los profes; cambiar el sistema de pensiones es imposible. Punto.
Una Presidenta que no cedió a la presión de Trump ni de la Coordinadora, que caminó suave entre no acudir al partido inaugural de la fiesta futbolera hasta, sin pena, evadir su plaza, la de la Constitución para encontrar un mejor palco en el Deportivo Los Galeana, en la alcaldía Gustavo A. Madero.
Lejos del cerco magisterial y también de los pañuelos blancos, nuevo esfuerzo mercadológico de una minoría que busca, sin descanso ni éxito, imponer la imagen de que la 4T está de capa caída. Con razón.
A contrarreloj se dieron aparentemente las pláticas en Gobernación entre CNTE, ISSSTE, SEP y el staff de la gobernanza nacional. Al final, sin acuerdo, el rehén se escabulló.
Sí, maestros disidentes llegaron hasta Tlalpan y Taxqueña, es más, avanzaron hasta las barras portátiles de concreto en el cruce con División del Norte y unos pocos alcanzaron casi la esquina del Coloso de Santa Úrsula.
Pero adentro del inalcanzable recinto, la fiesta había comenzado. Artistas, música baile y chelas. Ni llovió. En prácticamente todo el país nuestras prioridades se alinearon con la quiniela, los tacos, la especulación sobre el once del Vasco Aguirre. Alcanzar silla frente a la pantalla más grande y cercana posible.
Hoy, la portada del diario que cuenta la vida del día anterior es verde, tiene camiseta, confeti y pelota. La “nota de ocho” no es la CNTE. Tampoco la Presidenta. Es el Mundial.
Unos atribuyen al Nobel francés de Literatura, Albert Camus, otros afirman que es una derivación conceptual, la frase “al futbol como a la ópera, al entrar se dejan abrigo y sentido común”. Y sí.
Ya estamos en modo Mundial FIFA 2026. En este pedacito y ante el pastelote que se llevaron los villamelones del norte. No importa. Durante las próximas semanas hablaremos más de los partidos de futbol que de nuestros insulsos institutos políticos.
Habrá más expectativa sobre el quinto o sexto partido del Tri que en el magro crecimiento económico. Nos importa más que echen pronto a los gringos del torneo, a que Trump siga hablando tonterías para encarecer la trascendental negociación del T-MEC.
México es mágico, surreal. Aeropuertos chicos y chafas, mal remozados y oliendo a transa en la obra, materiales baratos y cuentas caras. Metro misterioso, inconcluso, impuntual, abre o cierra estaciones según la manifestación que atemorice a la autoridad.
Anticipación y planeación familiar inéditas para llegar con cuatro horas de anticipación al espectáculo. Antídoto contra casi todo. Menos contra la implacable hora del infarto que con drama nos recuerda; mientras el muerto va al pozo, los vivos tenemos la obligación de encontrar gozo. A pesar de todo y de todos, toca sonreír.
Administrar el conflicto y patear el bote
