El futbol y todo lo que le rodea, hacen de un deporte un evento de rencuentro del aficionado con su infancia, con sus recuerdos más guardados de lado de su padre, de sus hermanos o con sus amigos en una cascarita.
Un deporte que mundialmente es conocido, practicado y generación tras generación gana líderes en la cancha y fuera de ella. Hoy vemos a los más pequeños siguiendo a un Messi, a un Cristiano, un Memo Ochoa o por el álbum.
Quienes hacemos fotoperiodismo deportivo, en especial de futbol guardamos la pasión del grito en mantener el ojo abierto, seguir las jugadas importantes y disparar.

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Llegamos muchas horas antes al estadio, en la modernidad ya cada campo tiene banquitos para que uno se siente en la zona de fotógrafos, pero antes uno cargaba con él y si no lo hacías, pues había que estar en cuclillas y muy atento.
Los fotoperiodistas más experimentados están hoy en el Mundial, colocados a un costado de las porterías, de acuerdo con el orden de acreditación puedes seleccionar tu lugar y por supuesto los de más experiencia, saben bien qué lugar elegir, y sí, no siempre son los que uno cree que son mejores.
Con el tiempo el olfato visual, ayuda a disparar solo cuando hay que hacerlo. La ráfaga de disparos no siempre es interminable.

Henry Romero, el autor de esta tremenda imagen es un fotoperiodista colombiano muy experimentado con muchos años en nuestro país y siendo parte del staff de Reuters.
La cámara colocada detrás de la portería de Sudáfrica no siempre juega al a buena, sobre todo por el movimiento de los hexágonos de la cuerda. Hay a quienes no les gusta, o mejor dicho no les llama la atención este tipo de encuadres pero a mí me fascinan y le diré por qué.
Es cuando cada hexágono respeta los espacios de cada objeto involucrado en la escena, en este caso (vamos de adentro para afuera) El balón a su izquierda, en donde podemos ver hasta el nombre de Trionda, alrededor de ella como si se salpicara ella misma. El portero Ronwen Williams de Sudáfrica tratando estirar el cuerpo para detener el cabezazo de Raúl Jiménez, pero hace más u movimiento reflejo que un movimiento acertado.
A su portero lo mira el delantero Oswin Appollis, con la boca abierta, sorprendido y viendo cómo el balón entraba a la portería. Al fondo la pantalla también casi clara viendo la jugada de manera aérea.
A su derecha Raúl Jiménez, delantero mexicano que tras un cabezazo reacio y con suficiente potencia para que le balón cruzara la línea blanca.
Y arriba el contorno circular de nuestro hermoso estadio Azteca, Banorte o México. Ninguna línea cubre a los personajes principales, incluidos el balón como el más importante.
Son imágenes con movimiento, con velocidad, con ritmo y en un juego como este, el primero del Mundial de futbol es aún más apantallante y digna para ser guardada en la historia de un evento como este y en el propio.
La fotografía deportiva tiene muchas variables, la técnica primordialmente del fotógrafo, la segunda el olfato visual, y la tercera que el balón siempre aparezca; agregaría una cuarta, suerte.
Sí se pudo, ganamos el primer juego contra Sudáfrica y a los mexicanos, nos cayó bien gritar dos veces gol y emocionarnos con un deporte que es nuestro: el futbol.

Administrar el conflicto y patear el bote

