AL PIE

Los aficionados toman las calles

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Con lo prohibitivos que están los boletos para el Mundial, bien se podría aplicar, parafraseando a John Lennon, aquello de que los aficionados en los bares, en sus casas, en plazas públicas y en las calles aplaudan con las chelas, mientras que quienes asistan a los estadios aplaudan con sus joyas.

El aficionado que construye el futbol en la tribuna no tiene manera de ocupar su asiento quincenal, tendrá que verlo donde pueda, como pueda, y con quien quiera; eso sí, lejos del estadio.

Lo que de nuevo está claro es que el aficionado está dispuesto para la fiesta donde se le antoje, pero particularmente en el Ángel de la Independencia, como se vio el jueves, sin importar que de por medio caiga un megachubasco.

De lo que se trata es de abrirle un espacio al jolgorio y a la algarabía.

El triunfo sobre Sudáfrica quizá no era, en términos futbolísticos, para que en muchas ciudades del país se festejara como se hizo, sobre todo en la CDMX.

Sin embargo, eso no está en el radar del aficionado.

Lo que importa es festejar, salir a la calle para apoderarse de ella y juntarse con mucha gente a la que lo único que les une es la diversión y el festejo.

Cuando México fue derrotado en el Mundial del 70 por Italia, aquel horroroso 4-1, muchos aficionados se dieron cita en el Ángel quizá sólo para no dejar una inercia por tanta felicidad, diversión y jugueteo que habían tenido.

El partido del jueves podrá tener, desde la perspectiva futbolística, muchas maneras de verse. Al aficionado por supuesto que le importan las formas futboleras, pero, sobre todo, lo que le importa es ganar, y por ende hacer la fiesta a su manera, con los suyos y con extraños.

Al final las manifestaciones tienen una alta dosis de improvisación. La primera vez que se presentaron fue después de la victoria sobre El Salvador 4-0 en el 70. Todo tuvo que ver con el juego y el festejo que encontró en el Ángel de la Independencia un espacio para expresarse. La Policía no sabía qué hacer, a tal grado que pensaba que todo aquello tenía que ver con manifestantes.

Al final, como una gran anécdota, los aficionados integraron a los policías a la manifestación para que la fiesta tuviera, además, otro ingrediente.

El jueves viene Corea del Sur, que por lo pronto no es Sudáfrica. El Ángel quiere seguir albergando festejos

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