FRONTERA DE PALABRAS

El jazz en el corazón de Montreal

Mauricio Leyva. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Mauricio Leyva. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.

La gran maravilla del jazz es que nace de una noción de libertad;

no de sujeción, como el tango.

Por eso el camino del jazz es infinitamente

más rico y más variado y sigue sin agotarse.

Julio Cortázar

Del jueves 25 de junio al domingo 4 de julio se llevará a cabo la edición 46 del Festival Internacional de Jazz de Montréal, considerado uno de los encuentros más importantes de su género en el mundo. Sus foros alternativos, así como el recinto exterior de la Plaza de las Artes, el magnífico Théâtre Maisonneuve y la Maison Symphonique de Montréal figuran entre los escenarios más emblemáticos de esta gran celebración musical.

La edición 2026 del Festival International de Jazz de Montréal rinde homenaje a dos gigantes de la música: Miles Davis y Tony Bennett, en el marco del centenario de sus nacimientos. El tributo al trompetista ocupa un lugar central en la programación. Entre los conciertos programados destaca “¡We Want Miles!”, encabezado por Marcus Miller, quien fue director musical durante la última etapa de la carrera del músico. También se presentarán proyectos dedicados a algunos de sus álbumes y obras fundamentales, incluidas nuevas lecturas de Kind of Blue y de la música compuesta para la película Ascenseur pour l’échafaud.

Por su parte, la figura de Tony Bennett será celebrada mediante conciertos especiales, entre ellos un homenaje a cargo de John Pizzarelli. Durante los días que dura este festival resulta inevitable pensar en los autores que encontraron en el jazz una fuente de inspiración o que escribieron sobre él. Siempre preguntaba el maestro Humberto Musacchio en sus clases de la Sogem: “¿Qué música escuchas cuando escribes?”. La pregunta aludía al ritmo, a la cadencia y al tiempo interior desde el cual cada quien construye su escritura. En este sentido, muchos podrían decir que han escrito al ritmo de Billie Holiday porque, en la literatura, como en el jazz, la libertad creativa y las relaciones inesperadas son fundamentales. La celebración del festival también es un pretexto para acercarnos a escritores como Julio Cortázar, quien asumió el francés como segunda lengua. Radicado en París durante gran parte de su vida, el autor fue un oyente apasionado del jazz. Su fascinación por músicos como Charlie Parker, Thelonious Monk y Louis Armstrong trascendió la admiración personal para convertirse en una influencia decisiva sobre su escritura.

El ejemplo más célebre es el cuento El perseguidor, inspirado en la vida de Charlie Parker. Allí, Cortázar no intenta escribir una biografía del saxofonista; busca capturar la intensidad de una mente que persigue una verdad imposible a través de la música. El relato se mueve como un solo de jazz: avanza, retrocede, repite motivos, se desvía y vuelve sobre sí mismo. La estructura misma del texto parece improvisada, aunque detrás exista una rigurosa construcción literaria. En Rayuela, considerada una de las novelas fundamentales de la literatura latinoamericana, el jazz aparece como atmósfera, tema y método. Los personajes escuchan discos, comentan músicos y viven inmersos en una sensibilidad que privilegia la experimentación.

Sin embargo, Cortázar no fue el único. Escritores como Manuel Puig, Guillermo Cabrera Infante y Severo Sarduy también incorporaron la musicalidad y la cultura afroamericana a sus obras. En ellos, el jazz aparece como símbolo de modernidad, mestizaje cultural y resistencia frente a las convenciones estéticas.

En su edición número 46, el Festival Internacional de Jazz de Montréal ofrece una de las programaciones más sólidas del circuito internacional. Más allá de los conciertos, la ciudad se convierte en un espacio donde la música dialoga con la literatura y donde el espíritu de la improvisación encuentra eco en las palabras. Escuchar jazz en las calles bohemias y cosmopolitas de Montréal puede ser también una invitación a releer a Cortázar y a descubrir cómo la libertad creativa que anima a los grandes músicos sigue resonando en la mejor literatura.

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