En octubre de 1962, en plena Crisis de los Misiles en Cuba, la Unión Soviética sostuvo ante el mundo la narrativa de que no estaba instalando baterías de misiles en territorio cubano, manteniendo con firmeza esa versión como una realidad oficial. El asunto llegó a tal punto que los medios afines la repetían y amplificaban; además, quienes defendían esa versión eran los integrantes del cuerpo diplomático, con la intención de venderla como una verdad de Estado. Sin embargo, fue hasta que llegó Adlai Stevenson, embajador de Estados Unidos ante la ONU, cuando con firmeza encaró al representante soviético Valerian Zorin en el Consejo de Seguridad. Le preguntó si negaba que la URSS estuviera colocando misiles en Cuba. Zorin no respondió y usó evasivas.
Fue entonces cuando el embajador Stevenson hizo lo que nadie esperaba: mostró las pruebas. Sacó fotografías aéreas tomadas por aviones estadounidenses y dejó expuesta la contradicción. Desde ese momento, el mundo entendió que detrás de la mentira venía una mala intención, y nunca más volvió a ver a la URSS con los mismos ojos.
¿Por qué viene a colación esta referencia histórica? Por el problema diplomático en el que está envuelto nuestro país.
En una conferencia matutina, la autoridad mexicana dijo que Estados Unidos no ha respondido a ninguna solicitud de extradición y, para explicar su punto, dio al menos tres nombres de personajes de alto impacto que tienen cuentas pendientes con la justicia mexicana y que, efectivamente, el gobierno de Trump no ha entregado. Semanas después, la declaración del embajador norteamericano en México, Ronald Johnson, en sus redes sociales, echó por la borda la versión mexicana:
“Autoridades estadounidenses de la Patrulla Fronteriza en el Valle del río Grande (@USBPChief y @USBPChiefRGV)
capturaron y entregaron a un ciudadano mexicano buscado en México por prostitución de un menor y agresión sexual. Durante la Administración del presidente Trump, los Estados Unidos han transferido a México a 313 personas buscadas por la justicia para que enfrenten las consecuencias de sus actos.
“Este caso representa un ejemplo más de la sólida cooperación que impulsan
@POTUS @realDonaldTrump y la Presidenta @Claudiashein. Juntos, llevamos a los criminales ante la justicia y hacemos que nuestras naciones estén más seguras”.
Palabras más, palabras menos, les dijo que mentían al afirmar que el gobierno norteamericano no había entregado a nadie, como se afirmó.
Esto no es cosa menor. Mientras el Estado mexicano pretende vender que la cooperación no es recíproca, el embajador hizo lo mismo que su colega de los 60: ofrecer pruebas, mostrar fotografías y, con eso, echar abajo la narrativa que pretendía esconder una mala intención. ¿Cuál es la mala intención? Obviamente, evitar a toda costa entregar al morenista Rubén Rocha Moya a las autoridades que lo reclaman.
¿Cuánto sabe Rocha como para hacerle el favor de protegerlo de manera tan burda?
¿Son AMLO y sus secuaces quienes están impidiendo a toda costa que el morenista sea entregado?
Son preguntas que, sin lugar a dudas, serán respondidas en dos vías: a la mala o a la buena. Y al presidente Trump, en esta segunda edición, no se le conoce precisamente por pedir las cosas a la buena.
Obviamente, esto sigue la cadena de malas decisiones con las que ponen en riesgo la relación con nuestro vecino y más importante socio comercial.
Reenviado
¿A quién le acomoda más esta frase?
“El camino que hemos elegido en estos momentos está lleno de peligros, como todos los caminos. Pero es el más coherente con nuestro carácter y nuestro valor como nación (...). Y un camino que nunca elegiremos, es el camino de la rendición”
- John F. Kennedy
El otro gusano barrenador
