LA MALETA DEL CINE

La actuación minimalista

Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

La actuación en el cine tiene la ventaja de lograr interpretar a un personaje con quietud y sutileza. Los actores pueden bajar la voz y expresar su lenguaje facial en un registro menor, ya que la cámara puede retratar todo con la cercanía al actor o con el uso de un close-up. Aun así, éste no es el camino que muchos actores toman.

Muchos premios o academias cinematográficas, especialmente los Oscar, tienden a celebrar las actuaciones más llamativas y más melodramáticas del año. Las más recordadas son las que recurren a la mayor intensidad de las emociones en labores intepretativas grandilocuentes. Mientras más grande, sonora y enérgica, mejor.

En la celebración de la actuación minimalista, quiero recomendar a los siguientes cuatro actores y sus destacadas actuaciones:

TONY LEUNG (HONG KONG, 1962) es uno de los mejores actores del mundo. Su actuación en la bellísima Deseando amar (2000), de Wong Kar Wai, es una prueba de cómo el torrente de emociones y contradicciones de un personaje se pueden expresar con una mirada, un gesto, un silencio, el movimiento de una mano; en el fondo de una cautivadora historia de amor, donde tanto ella como él no actúan sobre sus impulsos, el trabajo de Leung y el de su coprotagonista Maggie Cheung, desembocan en una experiencia sobrecogedora.

TOM WILKINSON (1948-2023) fue un intérprete británico que rara vez tuvo el papel protagónico, pero que en roles secundarios siempre se robó la pantalla y la atención del público, muchas veces sobre actores más famosos y estrellas de cine. Su actuación en Crimen imperdonable (2001), dándole vida a un padre en duelo cuyo hijo es asesinado a sangre fría, es una revelación sobre el dolor que permanece enterrado dentro del comportamiento humano, el cual nunca estalla, pero que trasciende de manera sigilosa en los sentidos de la audiencia por mucho tiempo después.

JULIETTE BINOCHE (PARÍS, 1964) es una de las intérpretes más aclamadas y populares del séptimo arte. Figura clave del cine europeo y estadounidense en el cine de autor. Hermosa y sumamente talentosa. En Azul (1993), parte de la magnífica trilogía de Kieślowski, su trabajo manifiesta la pérdida, la reinvención y la búsqueda por la identidad, todo a través de su sensibilidad por la música y por el amor prohibido. Binoche nos invita a la naturaleza multifacética de su personaje con un sutil lenguaje corporal y facial, imbuido en los sosiegos y en las miradas.

AGATA TRZEBUCHOWSKA (VARSOVIA, 1992) es una joven actriz que en pocos años ha demostrado una capacidad inigualable para habitar personajes notablemente distintos y singulares. Su trabajo en el filme Ida (2013), de Paweł Pawlikowski, es evocativo e impetuoso. Como una monja aprendiz que desea conocer el mundo afuera de los muros de un convento, su viaje por esta inédita experiencia se declara a través de sus ojos, de una sonrisa, de una gesticulación, de aquellos momentos donde no hace nada más que observar y reaccionar. Estos detalles develan tanto que hay que mirar de cerca para no perdérselos.

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