CONTRAQUERENCIA

El futbol nos une

Eduardo Nateras<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Eduardo Nateras*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Se cumplen dos semanas del inicio de la más reciente edición de la Copa Mundial de Futbol, que, como cada cuatro años, arroja historias y experiencias de toda índole, no necesariamente limitadas al plano estrictamente deportivo.

Para el caso de nuestro país, esta edición es especial, pues se trata de la tercera ocasión en que albergamos este torneo —los únicos en alcanzar este hito, hasta el momento—, lo cual cada vez es más evidente que no es una casualidad.

En los nueve encuentros disputados, hasta ahora, en las tres ciudades sede de nuestro territorio, hemos sido testigos del impacto que genera un evento deportivo de esta magnitud, que se traduce en hospitalidad, calidez, algarabía extrema y picardía inigualable —y sí, en varios excesos, también—.

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Es incuestionable que son muchos los problemas que, como nación, enfrentamos día con día y que nos tienen “en el ojo del huracán” ante el mundo, no por los motivos que quisiéramos. Pero pareciera que esas circunstancias graves y delicadas —que siguen sin ser atendidas— quedan en pausa, al menos por unos instantes, para dar paso a una versión mucho más amable de nuestro país, con nuestra gente y nuestra cultura como los principales elementos.

Es ingenuo pretender “tapar el sol con un dedo”, pues los problemas están ahí y saltan a la vista en cualquier instante. Baste con remontarnos un par de semanas al tenso clima político con el que dio inicio este torneo, en medio de bloqueos y protestas de diversa índole —unas mucho más justificadas que otras— que, hasta el último instante, mantuvieron a gobiernos y autoridades de todos los niveles con las alarmas encendidas.

Y no era para menos, porque, en efecto, un evento de esta índole se convierte automáticamente en un escaparate ante el mundo. Ya es cuestión de las autoridades o administraciones en turno aprovecharlo de la mejor manera y tratar de sacarle el mejor provecho.

Para el caso, el papel desempeñado por varias autoridades ha sido bastante mediocre, por decir lo menos: prefirieron permanecer tras bambalinas en momentos clave, proyectos tardíos, obras entregadas a las prisas, literalmente hasta el último minuto, y otras tantas más inconclusas, fue la tónica de la organización del Mundial en la sede de México.

Sin embargo, lo que vale la pena resaltar es que el cambio en el ánimo colectivo, que se percibe en nuestro país, no ha sido producto de alguna acción gubernamental, sino que ha provenido de la gente misma y es, justamente eso, lo que lo vuelve tan inigualable y tan intrínsecamente genuino.

Algo tan inexplicable como el ánimo y el sentimiento que se ha generado entre mexicanas y mexicanos en episodios de emergencia —como en los sismos de 1985 o de 2017—, en donde el papel de las autoridades ha quedado de lado.

Y pues no hay una explicación suficientemente poderosa o válida para justificar este sentimiento. Si acaso, decir que los gustos compartidos, cuando son masivos, generan pasiones, y conceder que, para estos fines, el futbol es muy poderoso y que, si bien no soluciona graves problemas, al menos momentáneamente alivia.

Una vez más, el futbol nos ha unido.

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