GENTE COMO UNO

El arcoíris invisible…

La historia de Korina y Pintando Arcoíris expone algo fundamental: también envejece y una sociedad que presume inclusión no puede limitarse a celebrar a la población LGBT durante el mes de junio, olvidando a quienes hicieron posible ese camino

Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Imagen: La Razón de México

Si envejecer implica enfrentar vulnerabilidades económicas, sociales y de salud, llegar a la tercera edad siendo parte de la población LGBT significa cargar, además, con décadas de discriminación, rechazo familiar y ausencia de políticas públicas. La Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género 2021 del Inegi estima que cinco millones de personas de 15 años y más se identifican como LGBTI+.

Dentro de esa población, el grupo de 60 años y más representa apenas el 0.9%. Y no es que sean pocos; es que muchas personas mayores de la diversidad crecieron en contextos donde asumirse significaba perder a la familia, el trabajo o la seguridad.

Korina Corona es una mujer trans de 61 años, que desde hace 32 vive con VIH y hace ocho años comenzó a dar forma a una iniciativa de acompañamiento que llamó Pintando Arcoíris.

Mujer se alista para la marcha del Día Internacional del Orgullo, en la CDMX, en foto de archivo.
Mujer se alista para la marcha del Día Internacional del Orgullo, en la CDMX, en foto de archivo. ı Foto: Cuartoscuro

Impulsó un primer centro comunitario para personas adultas mayores LGBT que fue clausurado por una supuesta denuncia vecinal “por remodelaciones”.

Hace dos años aquel esfuerzo logró reagruparse y convertirse en lo que hoy es Pintando Arcoíris, una comunidad integrada por 32 personas. “Una maravillosa e increíble familia elegida”, como la describe Korina.

Y es que muchas personas LGBT mayores fueron rechazadas por sus familias desde jóvenes o perdieron a sus redes afectivas durante la epidemia del VIH.

Korina recuerda cómo perdió a varios de sus amigos en aquellos años y su activismo comenzó acompañándolos en hospitales, donde a veces ni el personal médico quería tocarlos.

“Llegas a una edad donde dices: ¿Y mis amigos dónde están? Nunca nos preocupamos por nuestro envejecimiento. Pensamos que siempre íbamos a ser forever young, divinos, hermosos. Entonces empiezas a entrar a estos estados porque la familia que era la que te protegía, la consanguínea, te dio la espalda.”

La Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2022 señala que entre los principales problemas que enfrentan las personas adultas mayores están la insuficiencia de ingresos o pensión para cubrir necesidades básicas, la falta de oportunidades laborales y la ausencia de pensión.

Si ésa es la realidad para millones de personas mayores en México, la situación se agrava cuando se suma una historia de discriminación por orientación sexual o identidad de género.

La misma Enadis documenta que las personas trans, así como las personas gay y lesbianas, se encuentran entre los grupos más discriminados del país.

México tiene pensiones, credencial del Inapam, apoyos y programas generales para las personas mayores. Pero no tiene una política pública robusta para la vejez LGBT.

No existen modelos de cuidados sensibles a la diversidad sexual, acompañamiento psicológico, gerontología con ese enfoque, refugios, centros comunitarios o protocolos contra la discriminación en asilos, hospitales y servicios sociales.

Pintando Arcoíris intenta cubrir parte de ese vacío con talleres, actividades, acompañamientos médicos, redes de apoyo y contención emocional. Pero no tiene una casa propia.

Ha tocado puertas en alcaldías como Iztapalapa, Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo, donde les ofrecen mesas de trabajo, reconocimientos y fotografías, pero no recursos.

“Salimos más aplaudidas que ayudadas”, resume Korina. Y el principal obstáculo, asegura, ha sido precisamente el Estado.

“La pared con la que nos hemos dado muy fuerte es el Gobierno…Somos una población invisible, abandonada, porque no hay presupuesto ni políticas públicas para nosotros.”

Porque mientras México discute el envejecimiento de la población y los desafíos futuros en materia de cuidados, salud y pensiones, miles de personas LGBT mayores están fuera de la conversación.

Y es muy injusto, porque son las generaciones que lucharon para abrir los espacios de libertad que hoy disfrutan los más jóvenes. Son los mismos que lograron conquistar derechos que durante décadas fueron imposibles, incluso impronunciables.

Paradójicamente, hoy enfrentan la vejez en soledad y se ven obligados a volver a luchar para ser vistos. Por eso la historia de Korina y Pintando Arcoíris expone algo fundamental:

La diversidad también envejece y una sociedad que presume inclusión no puede limitarse a celebrar a la población LGBT durante el mes de junio, olvidando a quienes hicieron posible ese camino.

Porque como dice Korina, ellos fueron los que “sacaron la brocha y pintaron los primeros colores”.

Cuando termine junio, se guardarán las banderas, los coches alegóricos y se apagarán las luces de colores, pero ellos se quedarán ahí, envejeciendo, con todas sus necesidades.

Esperando a que el mismo país al que tanto ayudaron a cambiar, no los deje solos en la etapa en la que más necesitan ser vistos y acompañados…

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