POLITICAL TRIAGE

La contradicción latinoamericana

Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La convulsión política no nos es ajena. Nuestra región está acostumbrada a dar bandazos y a escenarios ideológicos difíciles de explicar. Derechas que abogan por los valores tradicionales mientas violan los derechos humanos e izquierdas con discursos sociales que se codean con las élites ahogándose en dinero y corrupción. La estabilidad sólo ha llegado en la forma de una relativa paz, ensombrecida por el Estado dentro del Estado debido al crimen organizado, y una incipiente democracia que mal que bien avanza y garantiza en la mayoría de los países elecciones relativamente limpias.

Así, Latinoamérica ha respondido a las presiones de los tiempos polarizándose ala par que el resto del globo. El borramiento de las derechas tradicionales y el alza de las ultras que se viene dando en Europa desde hace décadas y que se cristalizó en EU en los últimos años va tomando fuerza y entusiasmo entre las élites y los barrios golpeados por la inseguridad. Una mezcla disímbola que aúpacandidatos que prometen a la par mano dura e inmisericorde con el crimen y un crecimiento económico que deje de “malgastar” dinero en costosos programas sociales. Contradicciones costosas que una derecha tradicional no se permitiría sostener, pero que resultan altamente efectivas en los exaltados discursos populistas de sus candidatos.

Pero el otro extremo del espectro político no se anda con juegos. El populismo de izquierda también ha olvidado el centro y la social democracia para contrarrestar fuego con fuego. Combatiendo la ideología neoliberal con más ideología que exalta los valores del pueblo haciendo de esta idea un concepto normativo hegemónico, resulta casi tan discriminatoria como el enemigo que pretende atacar. Con dádivas al pueblo mientras sus cúpulas explican de forma condescendiente que los héroes y heroínas del pueblo tienen derecho al lujo, pierden credibilidad y pierden cualquier altura moral que pudieran ostentar.

Latinoamérica está dividida. Cada una de nuestras naciones necesita encontrar la forma de que su población ignore las flautas de sus “representantes” extremistas para evitar caer en el precipicio. El camino hacia la equidad, el desarrollo y la paz no va por el sendero de la división, por ahí sólo transitan los candidatos buscando los privilegios del poder. Los discursos que incitan a pensar en un “nosotros” y “ellos”, hacia dentro de una misma nación, por principio no funcionan para la cohesión social necesaria para afrontar los grandes retos de nuestros días.

Desconfiemos del que descarta el diálogo y el tender puentes con los contrarios y los tilda de “enemigos”. Hoy, la etiqueta política dice poco. Los extremos se tocany el extremismo populista es peligroso allá donde se encuentre.

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