QUEBRADERO

La olla exprés

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Siempre será parte de un terreno de subjetividad y elucubración cuáles son todos los elementos que se consideran para tomar decisiones respecto al T-MEC, más allá de los comerciales.

Es un área difícil de escudriñar, porque son tantas las variables entre México y EU que todas terminan por tener algún tipo de significado. Un ejemplo de ello es que, sin que esté confirmado el caso Rocha Moya, ha estado rondando la negociación comercial.

EU estaría poniendo en la mesa el asunto para presionar la negociación ante lo que México se vería obligado a ceder, para seguir en el tratado, el cual, diga lo que diga, Trump es de beneficios bilaterales y trilaterales.

Este asunto y otros, los cuales para el presidente de EU son importantes, podrían estar en la mesa como parte de la negociación. Sin embargo, son tantos los asuntos que se interrelacionan que todo podría ser interminable y agotador.

Para EU, Rocha Moya y todo lo que tenga que ver con la presunta relación entre el narcotráfico y los políticos son de primera importancia. La Presidenta ha venido buscando pasar a la contraofensiva como mecanismo de defensa.

La narrativa presidencial de ser pausada, ella misma hablaba de cabeza fría, ha pasado a la confrontación, que no queda claro en qué pueda acabar. Lo que es un hecho es que el actual estado de las cosas no puede mantenerse todo el tiempo, porque no va a llevar a ningún lado y Trump ya va en busca de una definición.

Se ha llenado la cubeta de una gran cantidad de asuntos que en cualquier momento seguramente se va a desbordar. El caso de El Mayo le ha servido a la Presidenta de distractor ante la petición de detención con fines de extradición de Rubén Rocha. Quién sabe cuánto se puede alargar la liga, porque el asunto no puede verse de manera unilateral, como se ha querido hacer ver desde acá.

Pareciera que México y su gobierno no tuvieron nada que ver, como si nuestros servicios de inteligencia, de seguridad y vigilancia, pudieran estar totalmente ajenos a una operación de esta naturaleza. Si así fuera, habría que cuestionar, severamente, qué es lo que sucede con estos aparatos del Estado.

Nadie puede escatimar la importancia que tiene la defensa del país en una coyuntura tan compleja como en la que estamos. A pesar de ello, no hay de otra que ver qué es lo que anda pasando al interior, porque la narrativa oficial pareciera que parte de que no hay nexos entre el narcotráfico y la política de alto nivel en el país.

Ayer de nuevo la FGR aseguró que no hay prueba alguna de que Rocha Moya y los otros nueve políticos mencionados por el Departamento de Justicia tengan nexos con el narcotráfico. Si así fuera la propia Fiscalía tendría que preguntarse por qué dos de ellos se entregaron a las autoridades de EU y uno de ellos, del otro no se sabe su paradero y si efectivamente se entregó, se declaró culpable.

La importancia de estos dos personajes es que Gerardo Mérida era el encargado de la seguridad y Enrique Díaz, el responsable de las finanzas del gobierno de Sinaloa. Estaban en cargos estratégicos con responsabilidades fundamentales para cualquier gobierno.

La gran cuestión es cuánto tiempo pueden permanecer las cosas bajo este toma y daca que, evidentemente, caldea el ambiente y hace pensar, con cierta razón, que permea en la negociación del T-MEC.

En medio de estas presiones no se pueden soslayar las responsabilidades internas que tiene el gobierno en el caso de Sinaloa y en el secuestro de El Mayo Zambada.

Se entiende el pasar a la contraofensiva, pero no podemos dejar de ver cómo está la casa. Habrá que ver cuánto dura este largo toma y daca que en poco tiempo deberá tener un desenlace.

Se nos viene el efecto de la olla exprés.

RESQUICIOS.

Ken Salazar entraba y salía de Palacio Nacional con singular regularidad. El expresidente se sentía cómodo y creía que se entendían y hasta que eran “cuates”, hasta que el embajador le manifestó su oposición a la reforma al Poder Judicial, ahí se acabó todo.

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