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Poesía novohispana: barrocos y neoclásicos, oficiales y disidentes

A la muerte del emperador Carlos V en 1558, el virrey Luis de Velasco organizó conmemoraciones (...). Esa poesía, que exaltaba las glorias de los reyes de España y los virreyes de Nueva España, es la que Tenorio llama oficial

RETRATO Sor Juana Inés de la Cruz de Miguel Cabrera, en Monterrey, foto de archivo Foto: Cuartoscuro

Uno de los últimos títulos de la valiosa colección de Historias Mínimas de El Colegio de México es la dedicada a la poesía novohispana, escrita por Martha Lilia Tenorio, profesora de esa institución. La académica introduce desde las primeras páginas la denominación de “poesía oficial o comprometida” para referirse a la escrita con motivo de los actos oficiales de la monarquía católica en la Nueva España.

Los términos suenan muy contemporáneos, pero tienen sentido en el libro de Tenorio. Por ejemplo, a la muerte del emperador Carlos V en 1558, el virrey Luis de Velasco organizó conmemoraciones, luego recogidas en el Túmulo imperial de la gran ciudad de México (1560) de Francisco Cervantes de Salazar.

Dentro de la obra aparecían poemas, como los de Cristóbal Cabrera, que escenificaban un diálogo imaginario entre España y la Muerte, en el que la segunda intenta convencer a la primera de que el deceso del emperador no era más que un trámite para hacerlo inmortal. Esa poesía, que exaltaba las glorias de los reyes de España y los virreyes de Nueva España, es la que Tenorio llama oficial.

En el siglo XVII, Tenorio encuentra algo parecido durante los festejos por el centenario de la conquista de México en 1621. Los virreyes Diego Fernández de Córdoba y Juan Paz de Vallecillo estuvieron involucrados en el diseño y ejecución de aquellas fiestas. Los poemas de Arias de Villalobos en Obediencia que México dio a don Felipe de Austria (1623) eran imitaciones barrocas de Luis de Góngora, en las que se rendía culto a San Hipólito, por las fiestas patronales de ese año, se lamentaba la muerte de Felipe III, se juraba nueva lealtad a Felipe IV y se rememoraba la hazaña de Hernán Cortés.

Cuando en 1982 apareció el brillante ensayo de Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, entre las tantas polémicas que lo acompañaron, estuvo la de si el poeta mexicano exageraba la analogía entre el régimen novohispano y las dictaduras totalitarias del siglo XX y si, en consecuencia, la monja novohispana había sido una disidente y una feminista avant la lettre. Tenorio sigue más a Antonio Alatorre que a Octavio Paz en su lectura de Sor Juana, pero coincide en que la poética sorjuanina quiebra los moldes del barroco oficial e imitativo de las generaciones anteriores.

Aunque haya escrito poemas a virreyes y arzobispos, la poesía de Sor Juana trascendía el barroco del Siglo de Oro peninsular por composición estilística, apertura intelectual y libertad moral. En los círculos eclesiásticos y letrados de la Nueva España, Sor Juana representaba un desafío a la poesía oficial, muy distinto al de la lírica popular y anónima, las sátiras blasfemas o las llamadas “coplas de negros”, pero un desafío al fin.

Hacia el final de su libro, Tenorio presenta otra fisura a través de la poesía de los últimos años del virreinato, en la que destacaron Anastasio de Ochoa y Acuña y Francisco Manuel Sánchez de Tagle, entre otros. Aunque literariamente mejor formados, poetas previos, como Manuel Martínez de Navarrete o José Manuel Sartorio, agrupados en la Arcadia Mexicana y el Diario de México, habían desembocado en un neoclasicismo oficial, que llegó a ser, en algunos casos, fernandista y hasta contrainsurgente al inicio de la guerra de independencia.

En Ochoa, Lizardi y el injustamente olvidado Sánchez de Tagle, en cambio, encuentra Tenorio indicios de romanticismo que, en el plano de las ideas políticas, se mezclan con una transición al republicanismo católico. Dice Tenorio que Sánchez de Tagle era un “autor más bien mediano, pero con oficio”. Seguramente tiene razón, pero el michoacano llegó a escribir poemas como el titulado “A la luna en tiempos de discordias civiles”, donde se leen estos versos tan actuales: “no habrá mérito ya, virtud segura;/ todo se ataca, todo se atropella/ con mano y lengua impura:/ imprudente maldad todo lo huella”.

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