PUNTO CIEGO

La DEA, México y la mitología

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

En la mitología griega, Casandra tenía el don de ver lo que otros no querían ver.

Advirtió a los troyanos que el caballo de madera, dejado por los griegos, no era un regalo ni una muestra de rendición, sino una trampa. Nadie le creyó. La ciudad prefirió voltear a otro lado y convencerse de que la guerra había terminado. Cuando entendieron el verdadero mensaje, ya era demasiado tarde.

Así mismo ocurre con las recientes declaraciones del director de la DEA, Terrance Cole, y es que en política las palabras nunca son inocentes, mucho menos cuando salen de la boca del director de la DEA. No es lo mismo que un congresista republicano, en plena campaña, acuse al Gobierno mexicano de ser blando frente al crimen organizado, a que lo diga el jefe de la agencia encargada de perseguir a los cárteles que abastecen de drogas a los Estados Unidos. La diferencia parece pequeña, pero en realidad es enorme. Uno pudiera estar haciendo política; el otro, está advirtiendo. Terrance Cole dijo que existe una “conexión mortal” entre los cárteles de la droga y el Gobierno mexicano, pero no se quedó ahí. Aseguró que “son lo mismo” y que esa relación es la prioridad número uno para la agencia. Esa frase, vista con frialdad, es probablemente una de las acusaciones más fuertes que un funcionario estadounidense ha lanzado contra el Estado mexicano en mucho tiempo, porque habló de todo el Gobierno mexicano en conjunto y lo colocó en el mismo costal que a los cárteles.

La discusión entre México y Estados Unidos se ha movido entre acusaciones de tráfico de armas del norte al sur, tráfico de drogas del sur al norte, corrupción, impunidad, nula cooperación, filtraciones y una larga lista de reclamos que ambos países se han hecho en los últimos días. Pero ahora el señalamiento no apunta solamente a una deficiencia institucional, sino a una supuesta conexión estructural entre criminales y gobierno. El Gobierno mexicano, lógicamente, rechazó los señalamientos e insistió en que la relación con Estados Unidos debe construirse bajo principios de respeto a la soberanía nacional. Ésa ha sido la línea de la Presidenta Claudia Sheinbaum y, sin lugar a duda, su postura tiene sentido, porque ningún país puede aceptar que una agencia extranjera lo acuse de estar fusionado con el crimen organizado, sin exigir pruebas y sin defender su posición.

El problema es que la declaración llega en un momento particularmente delicado, aparece con la relación bilateral sumamente lesionada y con un gobierno norteamericano que ya ha demostrado que no tiene demasiado interés en cuidar las formas diplomáticas, cuando considera que un tema le da fuerza política dentro de su país. Por eso, lo que dice la DEA públicamente no es una preocupación operativa, es que está preparando terreno para algo más grande. Primero viene la narrativa; después viene la acción.

Ojo aquí, no estoy diciendo que la DEA tenga toda la razón, como tampoco estoy diciendo que el Gobierno mexicano deba aceptar una acusación de ese tamaño sin exigir pruebas. Lo que sí digo es que nadie debería minimizar lo dicho por el funcionario estadounidense. Claro que México tiene razón al pedir respeto y pruebas, pero también es posible que la DEA esté utilizando una frase excesiva para elevar la presión. Tal vez ambas cosas sean ciertas al mismo tiempo. Lo que nadie debería perder de vista es que el tono cambió. Estados Unidos ya no está hablando solamente de cárteles; está hablando de poder político, de complicidades y de gobierno.

Reenviado

Lo menos inteligente sería hacer lo que hicieron los troyanos ante las advertencias de Casandra; voltear a otro lado e ignorar las señales, por eso no hay que perder de vista la decisión del director de la DEA, dar esas declaraciones y mover la conversación a otro nivel.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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