Comparando con la deflación general, y con el mes anterior, sumamos dos meses, mayo y junio, de buenos resultados en materia del precio de la canasta básica alimentaria y de la canasta básica alimentaria y no alimentaria, con deflación mayor que la deflación general.
En mayo la deflación mensual general fue 0.21%. El precio de la canasta básica alimentaria en las zonas rurales bajó 0.3%, más que la deflación mensual general, y bajó 0.1% en las urbanas, menos que la deflación general. El de la canasta básica alimentaria y no alimentaria bajó, tanto en las zonas rurales como en las urbanas, 0.5%, más que la deflación mensual general (0.21%).
En junio la deflación mensual general fue 0.27%. El precio de la canasta básica alimentaria en las zonas rurales bajó 2.7%, más que la deflación mensual general, y bajó 1.7% en las urbanas, también más que la deflación mensual general. El de la canasta básica alimentaria y no alimentaria bajó 1.4%, más que la deflación mensual general, y bajó 0.8% en las urbanas, también más que la deflación mensual general.
El que en mayo y junio hayan bajado los precios de la canasta básica alimentaria (lo mínimo indispensable para estar bien alimentado), y de la canasta básica alimentaria y no alimentaria (lo mínimo indispensable para satisfacer correctamente las necesidades básicas, aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud, la vida y la dignidad de las personas: alimentos, vivienda, ropa y calzado, educación, atención médica y medicinas, aseo personal, transporte, etc.), quiere decir, ceteris paribus, que, con la misma cantidad de dinero, pudo comprarse una mayor cantidad de los mismos bienes y servicios, reduciéndose la escasez y aumentándose el bienestar, que es el fin de la economía: que la gente viva bien, que viva mejor.
Esta reducción en los precios de las dos canastas básicas, ¿se tradujo en una mayor compra de bienes y servicios en mayo y junio, compras que en abril crecieron lo mínimo posible? En términos mensuales (comparando con el mes anterior), este fue el crecimiento de las compras de satisfactores durante el primer cuatrimestre: enero, menos 1.5%; febrero, menos 0.2% (menor decrecimiento, bueno); marzo, más 1.2% (se retomó el crecimiento, bueno); abril, más 0.1% (menor crecimiento, el menor posible, malo). La respuesta la conoceremos cuando el Inegi publique la información el 5 de agosto (los datos para mayo), y el 4 de septiembre (los datos para junio). Por lo pronto, aquí queda la pregunta.
A la hora de analizar el comportamiento de las compras de bienes y servicios, hay que tener en cuenta que las mismas no sólo están determinadas por los precios de los satisfactores, también lo están por el ingreso de los consumidores. Sin ingreso de nada sirve que los precios sean los menores posibles (los que alcanzan, nada más, para recuperar el costo de producción). Y la principal limitante de la compra de bienes y servicios no son los precios, sino los ingresos.
Según la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del Inegi, en mayo 46.6% de la población ocupada generó hasta un salario mínimo de ingreso (45.7% un año antes), y 31.4% generó más de uno y hasta dos (23.5% el año anterior). El 78.0% generó hasta dos salarios mínimos de ingreso (69.2% en el 2025). El salario mínimo general es de $315.04 diarios. ¿Para cuánto alcanza?
La oportunidad
