QUEBRADERO

La oportunidad

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Resulta difícil creer que las acusaciones y señalamientos de EU, algunos de manera directa y otros a través de filtraciones, contra políticos mexicanos carezcan de sustento.

El Gobierno lo debe saber. No hay manera de que en información tan delicada ante asuntos de enorme relevancia interna no tuviera indicios.

Los análisis e investigaciones que ha llevado a cabo el Gobierno, en este sexenio y el anterior, por hablar de los tiempos de la 4T, deben tener en el radar la relación entre el narcotráfico y la política, porque son el sustento de la fuerza de la delincuencia organizada. No hay manera de entender el desarrollo del narcotráfico a lo largo de la historia si no es bajo esta premisa.

A pesar de las inconformidades que pueda presentar el Gobierno de la llamada 4T ante su homólogo estadounidense, existen elementos fundados de esta relación. Quizá en otro tiempo entre el dejar pasar y que en EU el tema se convertía en un elemento si bien de crítica también de conveniencia, no había de otra que ver el asunto bajo la línea de la complicidad, la cual, de alguna manera, se mantiene en ciertos niveles.

El Gobierno no quiere por ningún motivo que quede en evidencia la 4T. Si se abre la puerta en el caso de Rubén Rocha Moya, muy probablemente podrían venirse otros problemas igual de delicados.

A esto muy probablemente se refirió la Presidenta cuando dijo que si enviamos a los que nos piden al rato van a venir por todos. Es cierto, pero también es definitivo que al interior del país tenemos un boquete mayúsculo, que, si bien hoy se concentra en algunos gobiernos de Morena, también pasa por distintas instancias, lo que incluye partidos de oposición, empresarios, organizaciones sociales, entre otras.

Quizá el Gobierno está esperando el momento indicado para poder actuar. Insistimos en que no puede ser posible que no se tuviera información de lo que está pasando, no de ahora sino de hace mucho tiempo.

El discurso de la soberanía vale sin duda. Sin embargo, en la relación bilateral el narcotráfico, el cual, tanto aquí como en EU, debería tener una reciprocidad en la búsqueda de soluciones parciales. El narcotráfico no va a dejar de existir. La clave es cómo lo abordamos en la relación bilateral, pero de manera muy particular, lo que hacemos internamente.

Al Gobierno no le gusta, con razón, que desde EU, sistemáticamente, se hagan referencias sobre lo que pasa en México. Es una paradoja, pero valdría la pena preguntarse si no se hubiera venido la andanada trumpista cómo hubiera abordado el actual Gobierno el problema.

A la presente administración no le quedó de otra que pasar a segundo plano. Ante aquello de abrazos, no balazos cada vez hay más evidencias de que lo que pasó en el pasado sexenio terminó por fortalecer a algunos grupos del narcotráfico y enrarecer la relación con EU.

Trump nos traía en la mira desde su pasada gestión, lo cual fortaleció desde el primer día de su segundo mandato. En su campaña, el tema del narcotráfico en México y su relación con la política resultó ser uno de los elementos que lo llevó al triunfo.

El tema sigue siendo fundamental para el presidente, porque además de mediático le sirve para recordarle a sus furibundos votantes que cumple con su palabra; México termina por ser un medio para alcanzar su fin.

El Gobierno está defendiendo a los suyos pateando el bote, pero sabe que tendrá que enfrentar un escenario que, si lo maneja estratégicamente, le puede proporcionar una amplia capacidad de maniobra interna.

Se puede deshacer de muchos que hoy no encuentra cómo hacerlo, es, paradójicamente, la oportunidad; no hay manera de que no sepa lo que está pasando.

RESQUICIOS.

El primer gobernador panista, Ernesto Ruffo, fue detenido acusado de delitos de delincuencia organizada y contrabando de combustible. Ruffo era la esperanza del PAN a nivel nacional. Luis Donaldo Colosio, entonces presidente del PRI, reconoció el triunfo con aquello de “nos son desfavorables las tendencias”.

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