LA VIDA DE LAS EMOCIONES

Messi

Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Escribo esta columna bajo los efectos de la sorpresa y de la alegría de ver a Argentina ganarle a Inglaterra por dos goles, anotados otra vez en un escenario dramático, en el minuto 85 y en el 92, para disputarse la copa con España el próximo domingo. No entiendo que muchos detesten a la selección argentina y que prefieran a cualquier otra con tal de que no gane. Me cuesta trabajo entenderlo, porque personalmente tengo un gran afecto y admiración por ese país, por su gente, por su selección de futbol y sobre todo por Leonel Messi.

Para mí, Argentina ha sido sinónimo de aprendizaje, de psicoanalistas estupendos, grandes escritores, músicos espectaculares y que además tiene a Messi, que aunque hable poco, despierta controversias incomprensibles, tratándose de un tipo impecable dentro y fuera de la cancha. Se le ha inventado, sin ningún fundamento serio, que está dentro del espectro autista, porque tal vez nunca entenderemos el grado de concentración que despliega al jugar. Sólo gente poco profesional repite los rumores sobre su posible diagnóstico. Ya sabemos la máxima: diagnóstico fuera de contexto es agresión y además falta de seriedad.

Messi representa a un héroe muy particular con el que muchos jóvenes y no tan jóvenes se han identificado. Un niño bajito, que tenía déficit de hormona del crecimiento y que siendo un adolescente, se fue a Barcelona a jugar para convertirse en la máquina de futbol que es hoy. El cierre de su carrera, con 39 años, es colosal.

Messi, fóbico del reflector y del glamour, uno de los pocos a los que jamás veremos envuelto en escándalos de drogas o mujeres, casado con su novia de toda la vida, padre de tres hijos, infinito jugador y a decir de los testimonios, persona intachable.

La lección que da la selección argentina, liderada por Leonel, es poderosa. Pueden ir abajo en el marcador, sufriendo para ganar, pero jamás se dan por vencidos. Pareciera incluso que tienen que ir perdiendo para poder ganar. Puede ser porque aunque hoy casi todos juegan en Europa, vienen de los barrios bajos de Argentina.

Son ridículos los rumores de que Argentina compró el Mundial, cuando es un país de gente que apenas puede pagar sus cosas más elementales. Puede que sea sobre todo envidia. Todos los países de Latinoamérica querríamos a un Messi para nuestras selecciones. Puede que además sea incredulidad. Lo que hicieron hoy los argentinos es de otro mundo.

Me sorprende la animadversión contra la selección de Argentina. A mí sólo me provoca emoción y admiración, sobre todo pensando que la mayoría de esos jugadores vienen de abajo como venimos casi todos en América Latina. Lo más lógico sería ir con Argentina, con quien es fácil identificarse.

Messi representa el raro caso de los sueños cumplidos para un niño que llega a Europa con nada más que su talento, su disciplina y su hambre de ganar. Es precioso y electrizante poder ver la belleza y la genialidad que hay en este juego, a pesar de la corrupción y de todos los intereses económicos, que nos distraen de apreciar al jugador más grande que ha habido en la historia del futbol.

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