Dos terremotos consecutivos cambiaron la historia reciente de Venezuela. El 24 de junio, un sismo de magnitud 7.2 fue seguido, apenas 39 segundos después, por otro de 7.5, un fenómeno extremadamente inusual conocido por los especialistas como “doblete sísmico”. La combinación de ambos movimientos provocó un nivel de destrucción pocas veces visto en la región.
Más de mil 700 personas perdieron la vida, más de cinco mil resultaron heridas y miles continúan desaparecidas. Los daños materiales fueron igualmente devastadores.
Frente a esa emergencia internacional, México respondió con rapidez y solidaridad, como suelen hacerlo nuestras Fuerzas Armadas.
HEROÍSMO MEXICANO
En menos de 24 horas despegó el Agrupamiento de Ayuda Humanitaria Yumare, integrado por personal del Ejército Mexicano, la Fuerza Aérea Mexicana y la Guardia Nacional. La misión trasladó a especialistas en búsqueda y rescate, personal médico, ingenieros, binomios caninos y equipo especializado para trabajar en estructuras colapsadas.
Su objetivo era claro: salvar el mayor número posible de vidas y apoyar a la población venezolana en uno de los momentos más dolorosos de su historia reciente.
El contingente mexicano logró rescatar con vida a dos personas, entre ellas, un niño de nueve años, además de recuperar 92 cuerpos de personas que perecieron bajo los escombros.
Para conocer cómo se desarrolló esta misión entrevistamos al general Alejandro Gómez Vargas, comandante del Agrupamiento de Ayuda Humanitaria Yumare; al coronel Marco Antonio Vázquez Tejeda Burgos, comandante del Batallón de Atención a Emergencias; al cabo Maldonado, manejador del perro rescatista Cabrio, y al soldado Ramírez, manejador de Brindis, dos de los binomios caninos que participaron directamente en las labores de búsqueda.
El coronel Marco Antonio Vázquez Tejeda Burgos explicó que la rapidez con la que se movilizó el contingente fue fundamental. Menos de un día después de los terremotos, los militares mexicanos ya se encontraban en territorio venezolano, preparados para comenzar los trabajos.
El agrupamiento estaba integrado inicialmente por alrededor de 250 elementos, entre personal del Batallón de Atención a Emergencias y especialistas de Sanidad Militar.
Una vez en Venezuela, se realizó una evaluación de daños y riesgos para determinar dónde sería más útil la participación del contingente mexicano. La Guaira, una de las regiones más golpeadas, fue elegida como principal zona de operaciones.
Ahí comenzaron jornadas de trabajo prácticamente ininterrumpidas.
Antes de iniciar cualquier búsqueda era indispensable evaluar la estructura, determinar el riesgo de un nuevo derrumbe y establecer por dónde podían ingresar los rescatistas y los perros sin poner en peligro sus vidas.
En esas condiciones, los binomios caninos se convirtieron en una herramienta indispensable. Los perros pueden identificar olores humanos en lugares donde resulta prácticamente imposible que un rescatista vea o pueda escuchar a una víctima.
Uno de los operativos más importantes ocurrió cuando los canes militares Cabrio y Brindis localizaron señales de vida bajo un edificio completamente colapsado.
El cabo Maldonado, su manejador, explicó que el procedimiento requiere la participación de más de un binomio. Cuando el primer perro detecta una posible víctima y marca el lugar mediante ladridos, un segundo can realiza una búsqueda independiente para confirmar la presencia de una persona.
En este caso, los dos perros militares coincidieron. Había un sobreviviente. Entonces comenzó una de las operaciones más delicadas de toda la misión. El edificio había colapsado en forma de “apilamiento”. En este tipo de derrumbe, las enormes losas de concreto quedan unas sobre otras, formando estructuras inclinadas e inestables, con un altísimo riesgo de sufrir un nuevo desplazamiento.
Los especialistas tuvieron que abrir un túnel de aproximadamente tres metros mediante técnicas de corte y penetración. El trabajo debía realizarse con absoluta precisión, porque cualquier movimiento brusco podía provocar que las placas de concreto se desplazaran sobre el espacio donde se encontraba la víctima y colapsar.
Durante el avance apareció un primer obstáculo: un aparato de aire acondicionado que contenía gas. Esto obligó a detener temporalmente las labores para analizar el riesgo de una explosión o una fuga que pusiera en peligro al menor y a los rescatistas.
Más adelante encontraron una viga que también tuvo que ser cortada y retirada cuidadosamente. Todo el proceso de rescate descrito tomó cerca de cinco horas.
Finalmente, alrededor de las diez y media de la noche, los rescatistas lograron llegar hasta un niño de nueve años que permanecía con vida bajo los escombros.
El menor fue trasladado de inmediato al hospital móvil instalado cerca del campamento militar. Presentaba un cuadro de deshidratación, pero no tenía lesiones de gravedad. Ese rescate se convirtió en uno de los momentos más emotivos de toda la misión mexicana.
Sin embargo, conforme transcurrieron los días, el trabajo cambió. Las posibilidades de localizar sobrevivientes disminuyeron y los esfuerzos comenzaron a concentrarse en recuperar cuerpos para ofrecer certeza a las familias que seguían esperando noticias de sus seres queridos.
Durante aproximadamente diez u once días de operaciones, el personal mexicano recuperó 92 cuerpos de entre los escombros. Fue una tarea profundamente dolorosa.
El soldado Ramírez reconoció que resulta imposible permanecer indiferente ante escenas de esa magnitud. Aunque el entrenamiento militar prepara al personal para actuar bajo presión, enfrentarse diariamente al dolor de las familias representa un enorme desgaste físico y emocional. Aun así, aseguró que todos los integrantes del agrupamiento mantuvieron el compromiso de dar su máximo esfuerzo hasta el último momento.
El cabo Maldonado explicó que ningún ejemplar permanece trabajando durante horas continuas. Cada búsqueda tiene una duración aproximada de 20 minutos. Después, el animal debe descansar entre tres y cuatro horas antes de volver a ingresar a una estructura colapsada.
Durante toda la operación, los canes permanecieron bajo supervisión veterinaria, con hidratación constante y vigilancia estricta para evitar lesiones, agotamiento o afectaciones ocasionadas por el polvo, las altas temperaturas y las condiciones del terreno.
El coronel Vázquez Tejeda Burgos explicó que el proceso de formación comienza cuando los perros tienen apenas cuatro meses de edad y es un adiestramiento muy completo.
Los perros destinados a la búsqueda y el rescate deben desarrollar, además de un extraordinario sentido del olfato, un enorme control sobre sus movimientos.
Muchas veces trabajan sobre estructuras extremadamente inestables, donde un desplazamiento brusco podría provocar un nuevo derrumbe. Por ello aprenden a moverse con precisión, mantenerse concentrados y responder inmediatamente a cada instrucción de su manejador.
El trabajo realizado por los binomios mexicanos del Ejército Nacional fue reconocido tanto en Venezuela como en México.
En territorio venezolano, Cabrio, Brindis y sus manejadores recibieron distinciones por su participación en las labores de búsqueda, por las vidas que ayudaron a salvar y por el respaldo ofrecido a las familias afectadas.
A su regreso a México, los perros y el personal que participó en la misión también fueron homenajeados. Cabrio y Brindis recibieron las distinciones de Valor Heroico y Mérito Militar, en reconocimiento a su desempeño, disciplina y valentía durante los trabajos realizados entre los escombros.
Estos reconocimientos no solamente distinguen a los perros. También representan un homenaje al trabajo cotidiano de sus manejadores, al personal veterinario, a los instructores y a todos los integrantes del Batallón de Atención a Emergencias que participan en su formación y cuidado.
Como muestra de agradecimiento por el apoyo del contingente mexicano, Venezuela donó una cachorra llamada Laika.
La perrita todavía es muy pequeña y apenas comenzará su proceso de socialización y adiestramiento en la corporación mexicana.
La llegada de Laika simboliza la relación de solidaridad que se construyó entre México y Venezuela durante la tragedia. También representa la continuidad de un trabajo que requiere disciplina, paciencia, preparación y una profunda relación de confianza entre el perro y su manejador.
La misión Yumare fue fundamental durante la emergencia. Sus integrantes lograron rescatar personas con vida, recuperar 92 cuerpos y acompañar a una población golpeada por una tragedia de enormes dimensiones.
Cada vida salvada fue resultado de la coordinación entre ingenieros, especialistas en estructuras colapsadas, médicos, paramédicos, operadores de maquinaria, veterinarios, manejadores caninos y perros entrenados durante años para actuar cuando todo parece perdido.
El Agrupamiento de Ayuda Humanitaria Yumare demostró que la preparación, la disciplina y el trabajo en equipo pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Nuevamente, el Ejército Mexicano, la Fuerza Aérea Mexicana y la Guardia Nacional confirman la capacidad de respuesta del país en misiones internacionales de ayuda humanitaria. Los caninos militares Cabrio y Brindis regresaron convertidos en héroes y reconocidos en ambos países. Laika llegó a México para comenzar un nuevo camino.
En medio de una de las peores tragedias vividas por Venezuela, los militares mexicanos y sus binomios caninos demostraron al mundo que, incluso cuando las posibilidades de sobrevivir parecen agotarse, siempre vale la pena seguir buscando.
• Fin de la tregua, si es que la hubo
