POLITICAL TRIAGE

Elecciones legislativas: estrategia o venganza

Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La democracia estadounidense ostenta una estructura compleja que tiene como finalidad garantizar los equilibrios del poder. No sólo existen distintos órganos de gobierno que limitan y vigilan la acción del ejecutivo, sino que contempla calendarios electorales que permiten a los electores nivelar la balanza de la influencia política.

Una de las principales herramientas para evitar el monopolio del poder son las elecciones de mitad de mandato. Estos comicios se dan a la mitad del periodo presidencial y suelen contemplar la renovación de las cámaras de representantes a tal punto que pueden fluctuar del control de un partido al del otro. Cuando existe un partido o candidato que aglutina mucho poder, suele llevarse no sólo la presidencia, sino las dos cámaras legislativas. Este movimiento permite que, por los dos primeros años de su mandato, el ejecutivo implemente su programa sin impedimentos partidistas. Sin embargo, las elecciones de mitad de mandato operan como un referendo de la acción del presidente, que puede ser castigado al perder el apoyo legislativo, lo que complica grandemente la segunda mitad de su periodo al poder.

Trump cuenta con el apoyo en ambas cámaras. Sin embargo, el presidente enfrenta los índices más bajos de popularidad en lo que va de su mandato. Con un electorado dividido, las encuestas indican que está perdiendo el centro político.

Los escándalos de corrupción, la mala imagen de los magnates que se enriquecen en su entorno cercano, la guerra de Irán y el alza generalizada del costo de la vida son factores que están haciendo dudar a los votantes que, si bien pueden no dejarlo de apoyar, sí estarían a favor de que sus acciones sean fiscalizadas y contrastadas con mayor rigor.

Los Demócratas ya preparan el arsenal de citaciones y de requerimientos de documentos a diferentes agencias e incluso a actores privados. Una avalancha legislativa puede empantanar el cierre del mandato de Trump y entorpecer su ejercicio.

Los demócratas tendrán que sopesar qué buscarán con esta ventana de oportunidad. Un tercer juicio político sería mediático, pero no tiene esperanzas de progresar. Sería más estratégico bloquear iniciativas o impulsar banderas que puedan preparar el terreno para la elección presidencial del 2028. Enfrascarse con Trump podría hacerlos perder la guerra a largo plazo con el trumpismo. Los demócratas no cuentan con una plataforma clara ni con líderes destacados.

Ensuciar desde el legislativo la vida política no les hará ganar adeptos y tampoco contribuirá a la cohesión electoral que se requiere para recuperar el rumbo de la democracia estadounidense.

La elección intermedia ha de funcionar como un contrapeso político, no como una venganza callejera.

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