La cadena perpetua en Estados Unidos contra Ismael El Mayo Zambada cierra una larga era criminal y abre un debate político respecto a los límites del discurso público.
Desde el banquillo de los acusados, el delincuente sentenciado quiso articular un mensaje dirigido a las juventudes, donde dice descubrir —tardíamente respecto a los crímenes imputados y probados— la inexistencia del futuro y el honor dentro de las dinámicas del narcotráfico.
Intento de redención demagógica o acto de contrición delictiva con paradoja incluida, donde el victimario busca limpiar su biografía delictiva. La carta, leída en la sala del tribunal del juez Brian Cogan, representa la pretensión por simular las funciones éticas del Estado sobre el mismo espacio social demolido durante décadas. “Viniendo de quien viene, es difícil citarlo”, sentenció con precisión la Presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia matutina.
La narrativa adquiere una dimensión geopolítica ineludible en el contexto de acontecimientos recientes. El encuentro de Sheinbaum con el mandatario estadounidense Donald Trump en el palco del MetLife Stadium de Nueva York, durante la final del Mundial, muestra visualmente dónde reside verdaderamente la gobernanza legítima y la interlocución institucional de la región.
Aquella postal futbolística e internacional suaviza de forma estratégica las diferencias bilaterales por las condiciones del traslado de El Mayo a suelo norteamericano, una entrega unilateral percibida como vulneración operativa. La diplomacia presidencial demuestra cómo el diseño del futuro compartido está en acuerdos formales entre naciones soberanas.
En su tratado sobre las leyes, Cicerón acuñó el concepto auctoritas, aquella legitimidad moral superior diferenciadora del simple ejercicio del poder bruto de la verdadera conducción de la República. El líder del cártel confunde el miedo infundido mediante la depredación violenta con la autoridad cívica para emitir juicio moral; la oleada de violencia en Sinaloa tras su captura desmiente cualquier construcción simbólica de paz proveniente del crimen.
La política clásica enseña cómo el tejido social se edifica a través de la búsqueda del bien común, una noción absolutamente incompatible con el capital criminal. Una respuesta institucional está en la reconquista de los espacios públicos. Un ejemplo es lo ocurrido en la CDMX, donde la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, impulsa estrategias de prevención del delito orientadas a rescatar los entornos comunitarios.
La cadena perpetua a Zambada desarticula el liderazgo criminal, pero la neutralización de su relato requiere un esfuerzo intelectual colectivo para desarmar sus falacias argumentativas. Sigue como incógnita el peso de la influencia estadounidense para acelerar el viraje hacia la contención del narco, el propio incluido.
TRABAJANDO EL 27
