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Flavio Garciandía pintado por él mismo

Flavio Garciandía pintado  por él mismo
Flavio Garciandía pintado por él mismo Foto: flaviogarciandia.com/

El pintor cubano Flavio Garciandía de Oraá (Caibarién, 1954) inaugura en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco) una muestra que lleva por título “Autorretrato no autorizado”. La obra de Garciandía se ha caracterizado siempre por una capacidad de desplazamiento estético, que desafía las convenciones de la crítica, la academia y el mercado. Una mutación poética que, como prueba esta gran retrospectiva, encuentra su eje o su constante en la autorrevisión.

En los años 70, la obra de Garciandía se naturalizó en el campo artístico cubano con los ejercicios hiperrealistas de la serie Todo lo que usted necesita es amor (1975), conjunto de óleos basados en retratos de la también arista Zaida del Río. La obra, destacada en un salón del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, confirmó el virtuosismo del artista, a la vez que exponía su capacidad de riesgo intelectual.

En la primera mitad de los 80, luego de la rupturista exposición Volumen Uno (1981), la obra de Garciandía se internó en la exploración del lenguaje plástico del kitsch. La muestra Vereda Tropical en la Galería Habana, en 1982, estilizó palmeras y flores, que se confundían con estrellas y rayos, a los que muy pronto se sumaron cisnes nadando en lagos rojizos.

A fines de la década, mientras avanzaban la perestroika y la glasnost en la Unión Soviética, aquel trabajo con las formas rectas de la gráfica y la propaganda comunista, desembocó en una capitalización decorativa del símbolo de la hoz y el martillo. Lo que el artista buscaba, como advirtiera el crítico Osvaldo Sánchez, era una tropicalización de la iconografía soviética que planteaba preguntas ineludibles sobre el impacto del derrumbe del totalitarismo comunista en Cuba.

A principios de los 90, Garciandía, como buena parte de los artistas cubanos de la generación del 80 (José Bedia, Arturo Cuenca, Consuelo Castañeda) se estableció fuera de la isla, primero en Alemania y luego en Monterrey. Es en aquellos años, luego de la serie Una visita al museo tropical (1993), que la obra de Garciandía da un giro más pronunciado al abstraccionismo, aunque éste tampoco era ajeno a su producción juvenil.

Una serie de homenajes a grandes artistas, Piet Mondrian, Mark Rothko, Yves Klein, Frank Stella, Barnett Newman o John Baldessari, ejemplificaron esa transición entre fines de los 90 y principios de los 2000. La muestra I Insulted John Baldessari in Havana (2004), en Couturier Gallery de Los Angeles, mostró al artista plenamente inmerso en la representación de grandes esferas y manchas amarillas y rojas, en un deslumbrante coloquio de formas y colores.

En las dos últimas décadas, afincado en la Ciudad de México, la obra de Garciandía se interna en una nueva fase de introspección estética, marcada por la memoria y o el discurso autobiográfico de su extensa y versátil producción plástica. En la muestra de Marco, en estos días, viejos personajes de su trayectoria, como los cisnes, los lagos, las vulvas y los penes, se encuentran en retablos decorativos donde se escenifica una fiesta desconcertante.

Marco está dirigido por la historiadora del arte Taiyana Pimental y la curaduría de la muestra corrió a cargo de Tobías Ostrander, gran conocedor del artista cubano. En estos días, en Monterrey, se ha confirmado la fuerza extraordinaria de la obra de este maestro de varias generaciones de artistas de la isla, su diáspora, México y América Latina.

Autorretrato no autorizado (2026) muestra a Garciandía en un momento de plenitud, donde su vasta y variada trayectoria pone a dialogar cada una de las fases de su poética y los sucesivos encuentros y desencuentros entre su producción y la de sus contemporáneos. Ese diálogo autobiográfico nos dice, una vez más, que la historia del arte cubano no es narrable ni interpretable sin las diásporas de la isla, ni las disidencias estéticas y políticas acumuladas en las últimas décadas.

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