La Presidenta Claudia Sheinbaum insiste en que quien aspire a gobernar México debe tener una sola nacionalidad, porque no se pueden defender dos banderas.
Su reforma, aprobada ya por la Cámara de Diputados y pendiente en el Senado, obliga a los mexicanos que tienen otra nacionalidad a renunciar a ella antes de registrarse como candidatos a la Presidencia, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
El argumento es la defensa de la soberanía nacional y la lealtad exclusiva al país.

Flavio Garciandía pintado por él mismo
Para mí, que tengo doble nacionalidad, esa afirmación no se sostiene tan fácilmente en una nación que ha construido gran parte de su identidad con personas que nacieron en otros países y decidieron hacer de México su patria.

Pienso en gente como Julián Quiñones, nacido en Colombia, naturalizado mexicano y seleccionado nacional, o en Álvaro Fidalgo, nacido en España y naturalizado para representar a México.
Ambos vistieron la camiseta verde en el Mundial de 2026. Quiñones fue el máximo goleador de la Selección y hoy está nominado al Balón de Oro como mexicano.
También está Prisca Awiti, nacida en Londres, de madre mexicana y padre keniano. Decidió representar a nuestro país en judo y en París 2024 consiguió la primera medalla olímpica de México en esa disciplina.
Estos ejemplos no significan que representar a México en una justa deportiva equivalga a gobernarlo. Pero sí demuestran que la identidad nacional se construye mucho más allá del lugar de nacimiento, y que tener dos pasaportes no es sinónimo de deslealtad ni de traición a ninguna de las dos patrias.
Hay ejemplos aún más interesantes: Hailin Zhao Hu nació en China y ha dedicado su carrera científica al desarrollo de energías renovables desde la UNAM.
Pedro Julio Collado Vides nació en Guatemala, adquirió la nacionalidad mexicana y durante décadas ha impulsado la bioinformática y la genómica en nuestro país.
La gran Elena Poniatowska —más mexicana que el chile—, nació en Francia y se naturalizó mexicana en 1969. Su extensa obra periodística y literaria ha documentado momentos fundamentales de nuestra historia; es la cronista imprescindible del movimiento estudiantil de 1968 y ganó el Premio Cervantes en 2013.
En el actual gobierno está Paco Ignacio Taibo II, nacido en España y naturalizado mexicano, director del Fondo de Cultura Económica desde 2019.
Pudo ocupar el cargo porque el Congreso reformó la Ley Federal de las Entidades Paraestatales para permitir que los mexicanos por naturalización dirigieran esos organismos, algo que antes estaba reservado a los mexicanos por nacimiento.
Así, México ha reconocido que personas nacidas en otro país pueden representar sus intereses culturales, contribuir a su desarrollo científico y asumir responsabilidades en sus instituciones públicas.
Es cierto que la Presidencia y las gubernaturas tienen atribuciones constitucionales distintas, y que los naturalizados ya tenían vedados esos cargos.
La reforma apunta a otros: a mexicanos por nacimiento que, como yo, tienen además un segundo pasaporte. Y el debate se enrarece cuando esa otra nacionalidad se usa para cuestionar la lealtad a la nación a la que se le ha dedicado vida y vocación. No es justo.
Durante décadas, México ha defendido los derechos de sus migrantes, promovido su vínculo con el país y reconocido la nacionalidad mexicana de sus descendientes nacidos en el extranjero.
Tan sólo en 2025, más de 125 mil personas nacidas en Estados Unidos fueron registradas como mexicanas, un incremento de 153% respecto del año anterior.
El Gobierno reconoce esa pertenencia y ha buscado fortalecerla, pero ahora pretende limitar los derechos políticos de esos mismos mexicanos: quiere su voto, pero les impide ser votados.
Tener dos nacionalidades o una sola no garantiza que un gobernante anteponga los intereses nacionales a los personales, económicos o políticos, como hemos visto en el pasado y en el presente.
La lealtad a la nación no la garantiza un pasaporte, sino la conducta como ciudadano, la ética, la responsabilidad y el respeto al mandato constitucional.
¿Qué conflictos pretende prevenir en realidad la reforma de nacionalidad única para presidentes y gobernadores, cuando sobre gobernadores en funciones pesan hoy señalamientos graves de delitos que sí traicionan a la patria y con la sola nacionalidad mexicana?
México tiene ciudadanos orgullosos, nacidos dentro y fuera de sus fronteras, con vínculos en más de un país. Todos forman parte de una realidad nacional que no cabe en la idea de una sola bandera.
Cuestionar la lealtad de millones de mexicanos que no eligieron las circunstancias de su nacimiento resulta hasta ofensivo, cuando las verdaderas amenazas a nuestra nación entran y salen del territorio, roban, secuestran, intoxican y matan, con un único pasaporte mexicano.


