BAJO SOSPECHA

Sin confianza no hay negociación

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Esta semana comenzaron en la Ciudad de México las reuniones de la tercera ronda de negociaciones bilaterales con Estados Unidos para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Aunque se trata de mesas de trabajo técnicas y alejadas de los reflectores, lo que ahí se discute tendrá consecuencias directas sobre el futuro económico del país durante los próximos años.

El contexto es muy distinto al de la negociación original del tratado. EU llega con una postura mucho más proteccionista. La administración del presidente Donald Trump ha dejado claro que pretende reducir el déficit comercial con México y no descarta utilizar aranceles, cuotas u otros mecanismos para lograrlo.

VAN POR REVISIONES

MARCELO EBRARD (der.), y Jeffrey Goettman en el 2.o día con el equipo de la Oficina del Representante Comercial de EU (USTR), ayer ı Foto: Captura de video

Por lo pronto, Estados Unidos y México avanzan en mesas de diálogo bilaterales independientes, sin Canadá al que Estados Unidos le ha impuesto nuevos aranceles.

Sobre este tema platiqué con Ernesto Cordero Arroyo, especialista en finanzas públicas y analista financiero, quien considera que México atraviesa uno de los momentos más delicados para la inversión privada de las últimas décadas.

Nos dice que basta revisar los indicadores económicos para entender la magnitud del problema. Explica que, en más de diez meses consecutivos, la inversión mostró cifras negativas y que, aunque recientemente apareció un ligero repunte, la tendencia sigue siendo preocupante.

Para Cordero, existe una explicación central: la falta de certeza jurídica. Desde su perspectiva, la discusión pública suele concentrarse en factores externos como Donald Trump, la renegociación del T-MEC o los aranceles estadounidenses. Sin embargo, sostiene que el principal obstáculo para atraer nuevas inversiones está en el país.

Considera que la reforma al Poder Judicial ha generado una profunda desconfianza entre los inversionistas nacionales y extranjeros. Quien arriesga millones de dólares para instalar una planta o ampliar una fábrica necesita saber que, si surge un conflicto con un proveedor, con un competidor o incluso con el propio Gobierno, existirá un sistema judicial independiente capaz de hacer valer la ley.

Sin esa certeza, explica, el dinero simplemente busca otros destinos.

El especialista recuerda que, durante buena parte de las primeras décadas de este siglo, México mantenía un crecimiento superior al de Estados Unidos. Mientras la economía estadounidense crecía alrededor del uno por ciento, México registraba tasas cercanas al tres o tres y medio por ciento. Posteriormente, ambas economías comenzaron a crecer prácticamente al mismo ritmo.

Pero, desde 2018, afirma, México pasó a crecer por debajo de Estados Unidos, una situación particularmente preocupante para un país emergente que debería expandirse mucho más rápido que una economía desarrollada.

Para Cordero, uno de los primeros mensajes negativos para los mercados fue la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Aquella decisión, señala, envió una señal de incertidumbre sobre el respeto a las inversiones de largo plazo y marcó el inicio de un deterioro en la confianza empresarial que, en su opinión, continúa hasta la fecha.

El problema, advierte, es que la economía no puede sostenerse únicamente mediante el gasto público. El crecimiento, insiste, proviene fundamentalmente del sector privado, de empresarios que invierten, generan empleos, desarrollan infraestructura y asumen riesgos.

Cuando el Estado pretende convertirse en el principal motor económico y desplaza la participación privada, los incentivos para invertir disminuyen. En su perspectiva, ningún país que haya apostado por una economía excesivamente centralizada ha logrado mantener crecimiento y prosperidad durante largos periodos.

Por el contrario, sostiene que las economías más exitosas son aquellas donde el Gobierno garantiza seguridad, justicia, educación e infraestructura, mientras el sector privado impulsa la actividad productiva.

En ese contexto, la revisión del T-MEC agrega un nuevo factor de incertidumbre.

Aunque el tratado seguirá vigente, el hecho de que algunos de sus aspectos puedan revisarse periódicamente dificulta la planeación de inversiones que requieren horizontes de diez, quince o veinte años.

Las empresas no deciden instalar una planta pensando únicamente en los próximos doce meses. Sus proyectos consideran décadas de operación, cadenas de suministro complejas y fuertes inversiones de capital. Cuando las reglas pueden modificarse constantemente, explica Cordero, muchos proyectos simplemente se posponen o terminan instalándose en otro país.

Uno de los ejemplos que da es Toyota, empresa que decidió trasladar parte de la producción que realizaba en Baja California hacia EU.

Pero, además de los casos conocidos públicamente, afirma que existen numerosas inversiones que nunca llegaron a México.

Durante el auge del llamado nearshoring muchas empresas evaluaron instalar nuevas plantas en territorio mexicano para aprovechar la cercanía con EU, pero la realidad es que varias de ellas terminaron optando por estados como Tennessee o Carolina del Norte.

No porque producir en Estados Unidos sea necesariamente más barato, sino porque consideran que la seguridad jurídica compensa los mayores costos laborales.

Producir en México ya no significa únicamente calcular salarios o impuestos, quien viaje a invertir también considera el impacto de la inseguridad, la extorsión, el pago de derecho de piso en algunas regiones, la incertidumbre regulatoria, los problemas de infraestructura y la falta de garantías jurídicas y así, en México la ventaja competitiva del país comienza a reducirse.

Además nuestro país enfrenta crecientes limitaciones para garantizar el suministro de electricidad y agua en diversas regiones industriales.

Sin energía suficiente resulta prácticamente imposible atraer nuevas inversiones manufactureras, especialmente aquellas vinculadas con industrias de alta tecnología o con procesos intensivos en consumo eléctrico.

Otro sector que enfrenta profundas transformaciones es el automotriz, durante décadas fue el mejor ejemplo de integración económica entre México, Estados Unidos y Canadá, un mismo vehículo podía fabricarse utilizando componentes producidos en los tres países.

Las nuevas reglas de origen, la presión para incorporar un mayor contenido estadounidense y los cambios derivados de la política comercial de Washington están obligando a reorganizar las cadenas de producción.

Además, la creciente presencia de vehículos y autopartes provenientes de China se ha convertido en uno de los temas más sensibles dentro de la revisión del tratado.

Por una parte, China ofrece inversiones, productos y oportunidades comerciales.

Por otra, Estados Unidos observa con creciente preocupación la expansión china dentro de Norteamérica y busca limitar esa influencia.

Las perspectivas económicas tampoco son las mejores, según Ernesto Cordero, incluso los escenarios más favorables apenas estiman un crecimiento cercano al 1.4 por ciento.

Las proyecciones más conservadoras ubican el crecimiento alrededor de medio punto porcentual, nos dice.

Para un país con las necesidades sociales, económicas y demográficas de México, esas cifras son claramente insuficientes.

Sin crecimiento no habrá generación suficiente de empleos, aumentará la presión sobre las finanzas públicas y será cada vez más difícil elevar el nivel de vida de millones de familias.

La tercera ronda de negociaciones del tratado comercial (T-MEC) llega, por tanto, en un momento especialmente complejo.

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