PESOS Y CONTRAPESOS

Apología de la deflación (5/5)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Que haya deflación quiere decir que, con la misma cantidad dinero, al paso del tiempo, se puede comprar una mayor cantidad de los mismos bienes y servicios, lo cual, ceteris paribus, es condición necesaria para minimizar la escasez y maximizar el bienestar. Ceteris paribus, es decir, si todo lo demás constante.

El problema es que, todo lo demás, comenzando por la producción, los empleos y los ingresos, no permanece constante: puede empeorar o mejorar. La mala deflación lo empeora: va acompañada de menos producción, por lo tanto, más escasez, menos empleos y menos ingresos, por ello menos bienestar. La buena lo mejora: va acompañada de más producción, por ello, menos escasez, más empleos y más ingresos, por lo tanto, más bienestar.

La mayoría de las críticas a la deflación son a la mala deflación. Éstas son las más socorridas: se posponen las compras, esperando precios más bajos, lo cual puede ocasionar una espiral deflacionaria; se reducen los ingresos de las empresas, afectando su rentabilidad; se incrementa el peso real de las deudas, las familias y las empresas enfrentan una carga financiera mayor. Centro la atención en la primera.

Si hay deflación permanente, no ocasional, los consumidores se forman la expectativa de que los precios seguirán bajando, y como mañana serán menores que hoy, y pasado mañana menores que mañana, y pasado pasado mañana menores que pasado mañana, y así una y otra vez, posponen una y otra vez sus compras, reduciéndose cada vez más la demanda, reduciéndose cada vez más las ventas, reduciéndose cada vez más la producción, reduciéndose cada vez más el empleo y el ingreso, con la economía atrapada en un círculo vicioso, cuya contraparte sería el círculo virtuoso que genera la inflación. Si ésta es permanente, no ocasional, los consumidores se forman la expectativa de que los precios seguirán subiendo, y como mañana serán mayores que hoy, y pasado mañana mayores que mañana, y pasado pasado mañana mayores que pasado mañana, y así una y otra vez, adelantan una y otra vez sus compras, aumentando una y otra vez la demanda, aumentando una y otra vez las ventas, aumentando una y otra vez la producción, aumentando una y otra vez el empleo y el ingreso, con la economía atrapada en un círculo virtuoso, que (¿por qué será?), raramente se da. Véase el caso de México, hay inflación y el crecimiento de la economía es mediocre.

Suponiendo que haya deflación permanente, ¿cuánto tiempo pueden posponer los consumidores la compra de bienes y servicios, ante la realidad de las necesidades presentes (hoy tengo hambre y sed), y recurrentes (no por haber comido y bebido hoy mañana no me dará hambre y sed)? ¿Cuánto tiempo se puede posponer la satisfacción de las necesidades, desde la necesidad de comida y bebida hasta la necesidad de un refrigerador donde guardar la comida, para que no se eche a perder, y la bebida, para que se mantenga fría?

Mucho más podría escribir sobre la deflación, sobre todo de la buena, que habría que permitir, lo cual no plantea esta pregunta, ¿cómo? Manteniendo constante la cantidad de dinero que se intercambia en la economía, que se usa para demandar bienes y servicios, lo cual haría irrelevante a los bancos centrales, tema discutible que dejo para otra ocasión.

Hasta aquí esta brevísima apología de la buena deflación, consciente de todo lo que se quedó en el tintero.

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