México ha concluido con la tercera ronda de conversaciones para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) quizá una de las más delicadas por el contexto en que se da en el momento de las relaciones internacionales, pero ha finalizado con un resultado de impacto favorable para el comercio exterior de nuestro país: el mantenimiento del acceso libre de arancel para aproximadamente el 85 por ciento de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, en un momento en que Washington endurece su política comercial con alrededor de 60 países.
Durante tres días, los equipos técnicos de ambos gobiernos sostuvieron reuniones en la Ciudad de México encabezadas por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. La agenda, se sabe, incluyó temas considerados prioritarios y delicados para la integración regional, entre ellos acero, aluminio, productos derivados, cadenas de suministro estratégicas, fortalecimiento de la manufactura regional y sustitución de importaciones provenientes de Asia.
Pero la visita de Greer también incluyó una de las reuniones no esperadas con la Presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional. Uno de los temas centrales fue la notificación por parte de Estados Unidos de que sustituirá, a partir del 24 de julio, los aranceles temporales aplicados bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio por nuevos gravámenes sustentados en la Sección 301 de la misma legislación. La modificación forma parte de una política comercial de alcance global con la que Washington impondrá aranceles de entre 10 y 12.5 por ciento a unos 60 países, bajo el argumento de reforzar el combate al trabajo forzoso en las cadenas internacionales de suministro.

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La decisión responde también al vencimiento de las medidas adoptadas bajo la Sección 122, mecanismo que únicamente podía mantenerse vigente durante un periodo de 150 días y que había sido utilizado para atender desequilibrios en la balanza de pagos estadounidense. En el caso de México, hay que decirlo claramente no representa un cambio en el tratamiento comercial efectivo. Las exportaciones que cumplen con las reglas de origen establecidas en el T-MEC continuarán ingresando al mercado estadounidense sin pagar aranceles, condición que actualmente beneficia a alrededor del 85 por ciento de las ventas mexicanas hacia ese destino.
El restante 15 por ciento corresponde principalmente a operaciones que no cumplen con los requisitos de origen del tratado o se encuentran sujetas a otros esquemas comerciales. De ese universo, alrededor de 10 por ciento de las exportaciones continuará pagando un arancel de 10 por ciento, exactamente el mismo nivel que enfrentaba bajo la Sección 122, por lo que únicamente cambia el fundamento jurídico de la medida y no su impacto económico. Para el sector exportador mexicano, esto significa que se preserva la principal ventaja competitiva del país frente a la mayoría de las economías que abastecen al mercado estadounidense. Mientras decenas de países enfrentarán nuevos aranceles generalizados bajo la Sección 301, México mantiene el acceso preferencial derivado del T-MEC para la mayor parte de su plataforma exportadora.
La continuidad de este beneficio resulta particularmente relevante considerando que Estados Unidos es el destino de cerca del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas y que sectores como el automotriz, autopartes, equipo eléctrico, electrónicos, maquinaria, dispositivos médicos y una parte importante de la manufactura continúan operando bajo las preferencias arancelarias del tratado siempre que acrediten el cumplimiento de las reglas de origen.
Dentro de las nuevas medidas estadounidenses también se establecieron excepciones para determinados productos considerados estratégicos. Entre ellos se encuentran algunos fertilizantes, ciertos combustibles cuyos precios se han visto presionados por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, además de algunos alimentos, vehículos, determinados metales y productos farmacéuticos.
La permanencia del arancel cero para la mayor parte de las exportaciones evita un deterioro en la competitividad de las empresas instaladas en el país y ofrece mayor certidumbre para las cadenas manufactureras que dependen del comercio regional. Viene una cuarta ronda de conversaciones en Washington durante la primera quincena de septiembre, con el propósito de continuar la revisión del T-MEC y profundizar los trabajos sobre integración productiva, seguridad económica y fortalecimiento de la competitividad de América del Norte. Más allá de que México conserva por ahora su ventaja arancelaria, la siguiente fase de la revisión del T-MEC será determinante para medir el alcance real de esa posición preferencial. Permanecen abiertas discusiones sobre reglas de origen, contenido regional, acero, aluminio, sectores estratégicos y mecanismos para reducir la dependencia de importaciones asiáticas, asuntos que podrían traducirse en nuevas exigencias para la industria instalada en México. A ello se suma que la administración estadounidense ha dejado claro que utilizará con mayor frecuencia herramientas comerciales sustentadas en su legislación interna, como la Sección 301, aun frente a socios con los que mantiene acuerdos comerciales. Si bien el cambio anunciado no modifica el acceso actual de las exportaciones mexicanas, sí confirma que la política comercial de Washington será más dinámica y menos predecible, por lo que las próximas rondas de negociación serán clave para conocer si México logra preservar el trato preferencial que hoy mantiene o si enfrentará nuevas condiciones para conservar su competitividad dentro del mercado más importante para sus exportaciones y claro involucrando todos los temas delicados que no sólo se limitarán a migratorio sino también de seguridad.

O todos coludos o todos rabones

