VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

Regresa el fuego en Irán

Gabriel Morales Sod<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Aunque sin dudas lamentable, a pocos sorprendió el fin del cese al fuego y el regreso de las hostilidades entre Irán y Estados Unidos.

A pesar de los enormes esfuerzos del Pentágono por ocultar las pérdidas y el alcance de los ataques iraníes, lo cierto es que en cuestión de días hemos regresado de lleno a la guerra. No se trata de un simple intercambio de ataques controlados, como suele suceder a veces como táctica de negociación, a veces por error, en casi cualquier cese al fuego.

En los últimos días, Irán atacó no sólo bases militares estadounidenses en la región, sino infraestructura civil energética (incluidas plantas de desalinización) en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Irak e incluso Jordania. Aún peor, los ataques iraníes dejaron dos soldados estadounidenses muertos y decenas de heridos.

Aunque Estados Unidos ha respondido con furia, bombardeando decenas de blancos, incluidos puentes de uso tanto civil como militar, lo cierto es que se trata de una derrota táctica para Estados Unidos.

El presidente Trump, que no pudo acabar desde el aire ni con el régimen ni con el programa nuclear iraní, presumió una y otra vez que había prácticamente destruido al ejército iraní; y aunque es cierto que las fuerzas aéreas y navales de Irán prácticamente desaparecieron, el ejército iraní mantuvo su arma más estratégica: su sistema de miles de misiles y drones con los que ha paralizado el Medio Oriente desde hace meses.

En las semanas del cese al fuego, el régimen claramente se dedicó a desenterrar armamento entre las ruinas de los bombardeos y a recuperar sus capacidades balísticas.

Los precios del barril de petróleo están de nuevo por encima de los 100 dólares, el estrecho de Ormuz cerrado, la región en guerra y, por si esto fuera poco, por primera vez desde que comenzó el conflicto, los hutíes en Yemen han amenazado con unirse a su patrón Irán en la guerra y cerrar el paso comercial por el mar Rojo, amenazando con paralizar aún más el movimiento de energéticos y la economía mundial.

Todo esto lamentable, sí, pero no sorprendente. Cualquier experto internacional con un poco de conocimiento de Irán y de la región pudo haber predicho que un ataque aéreo con el objetivo de derribar a un régimen sumamente ideológico, con una base significativa de apoyo popular y armas estratégicas como misiles y drones, se convertiría en un fracaso.

Aún después de que quedó claro que Estados Unidos no tenía armas para contrarrestar el cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructura civil desde Irán en todo el Medio Oriente, y que era momento de cortar pérdidas y comenzar un proceso diplomático, todo señalaba a su futuro fracaso.

En lugar de utilizar a diplomáticos con experiencia en la región y al Departamento de Estado, continuando décadas de negociación con Irán, el presidente Trump y su vicepresidente lideraron un proceso apresurado, sin revisar los detalles, firmando un tratado vago que los iraníes han sabido aprovechar para reiniciar la guerra y mejorar su posición de negociaciones.

Trump ha amenazado esta semana con un ataque masivo, incluso hablando de una invasión terrestre, pero ni en el Congreso ni entre el público estadounidense hay apetito para tal aventura, en especial después del fracaso de los últimos meses. Un callejón sin salida que ha terminado por fortalecer a la teocracia de los ayatolas.

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